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Short story

La voz prestada

A ghostwriter begins to lose her own sense of self while writing a celebrity memoir in someone else's voice.

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Words to know (37)
  • la biografía · biography
  • culinario · culinary
  • televisivo · television
  • la aleación · alloy
  • alegar · to claim
  • anotar · to write down
  • arduo · arduous
  • la autobiografía · autobiography
  • la cadencia · cadence
  • el caldo · broth
  • capturar · to capture
  • la conversación · conversation
  • corresponder · to correspond
  • describir · to describe
  • el deslinde · drawing boundaries
  • despojarse de · to shed
  • disfrazado · disguised
  • el eco · echo
  • el episodio · episode
  • la fascinación · fascination
  • fiel · faithful
  • fluir · to flow
  • la franqueza · frankness
  • furtivamente · stealthily
  • la humildad · humility
  • imprudente · reckless
  • inquietante · unsettling
  • la inquietud · unease
  • íntimo · private
  • involucrar · to involve
  • la libreta · notebook
  • ocasionalmente · occasionally
  • ocupacional · occupational
  • periférico · outlying
  • pertenecer · to belong
  • perturbar · to disturb
  • la preocupación · concern

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Cuando Valeria Chinchón aceptó escribir las memorias del célebre chef Ezequiel Bramante, se dijo a sí misma, como siempre hacía al iniciar un nuevo encargo, que aquello sería un trabajo más de ventriloquia profesional: escuchar horas de grabaciones, extraer el ritmo particular del habla ajena, y devolverlo convertido en prosa fluida bajo un nombre que no era el suyo.

Llevaba once años como escritora fantasma, autora invisible de siete de empresarios, dos de deportistas retirados y una, la más difícil hasta entonces, de una actriz que se negaba a admitir en las grabaciones ningún doloroso de su propia vida, obligando a Valeria a inventar matices emocionales que la propia protagonista jamás había verbalizado con esa claridad.

Con Ezequiel Bramante, sin embargo, el proceso resultó distinto desde el principio: el chef hablaba con una casi sobre su infancia de pobreza en un barrio sobre el padre alcohólico, sobre la cocina como refugio y como venganza silenciosa contra un destino que parecía habérsele negado de antemano. Valeria transcribía aquello con una que empezaba a incomodarla, porque encontraba en el relato de Ezequiel demasiado precisos de su propia infancia, que jamás había compartido con nadie, ni siquiera en terapia.

Empezó a notar que, al sentarse a escribir, la voz que de sus dedos ya no era exactamente la de Ezequiel reconstruida a partir de las grabaciones, sino una tercera voz, híbrida, que mezclaba las del chef con giros propios que Valeria jamás usaría en su vida cotidiana pero que, curiosamente, sentía más suyos que su propio estilo cuando escribía, y sin ambición, sus propios diarios.

Su pareja, Tomás, le señaló una noche, con la genuina de quien observa un cambio gradual y difícil de nombrar, que llevaba semanas hablando con las mismas expresiones coloquiales del chef, esas metáforas que Ezequiel repetía en cada entrevista —la vida hay que dejarla reposar, como un buen y que Valeria, sin darse cuenta, había incorporado a sus propias cotidianas.

Valeria restó importancia al comentario, que era un efecto profesional normal, un simple hábito comparable al del actor que tarda en de un personaje al bajar del escenario. Pero de noche, revisando el manuscrito ya casi terminado, encontró un párrafo entero, sin recordar haberlo escrito, en el que un recuerdo de infancia que no a ninguna de las grabaciones de Ezequiel: era, sin lugar a dudas, un recuerdo suyo, transfigurado bajo la identidad narrativa del chef.

Aquel hallazgo la más de lo que hubiera anticipado. No se trataba simplemente de plagiarse a sí misma dentro de la voz de otro, sino de algo más la sospecha de que, tras once años prestando su talento a las vidas ajenas, había perdido la capacidad de distinguir con claridad dónde terminaba la de sus clientes y dónde empezaba, silenciosa y la suya propia.

Decidió, contra la costumbre profesional de no a los clientes en el proceso creativo mostrarle a Ezequiel el párrafo en cuestión, confesándole que aquel fragmento no provenía de sus grabaciones sino de un recuerdo propio que se había filtrado sin querer. Esperaba una reacción de desconfianza profesional, quizás incluso el despido inmediato del proyecto.

Ezequiel, sin embargo, leyó el párrafo con atención y, tras un silencio largo, dijo algo que Valeria no esperaba: que aquel fragmento, aunque no describiera un hecho literal de su propia vida, una verdad emocional más honda que cualquiera de sus propios recuerdos reales, y que prefería dejarlo en el libro precisamente por eso, porque la memoria, según él, nunca era del todo a los hechos sino a lo que uno necesitaba haber sentido.

Aquella respuesta, lejos de tranquilizar a Valeria, la dejó con una más profunda todavía sobre la naturaleza de su oficio: si las memorias que escribía no eran ya la vida ajena reconstruida, sino una imposible de dos fundidas por la necesidad económica y la cercanía prolongada, entonces quizás la escritura fantasma no fuera, como ella siempre había preferido creer, un ejercicio de profesional, sino una forma sofisticada de desaparición personal.

Empezó entonces a llevar, en secreto, una aparte donde después de cada sesión de trabajo, qué frases del manuscrito le de verdad a Ezequiel y cuáles reconocía como suyas bajo su acento un ejercicio de que resultó mucho más de lo que había previsto, porque muchas veces, al releer un párrafo entero, ya no lograba distinguir con certeza dónde terminaba la memoria ajena y empezaba la propia, como si ambas se hubieran fundido en una sola sustancia narrativa imposible de separar sin dañar el conjunto.

Terminó el manuscrito de Ezequiel Bramante a tiempo, como siempre, y cobró su tarifa habitual, como siempre. Pero esa noche, por primera vez en once años, abrió un documento en blanco sin el nombre de ningún cliente en el encabezado, y escribió, con una torpeza que había olvidado por completo, la primera frase de algo que sólo podía firmar ella misma, aunque no supiera todavía, ni le importara demasiado, si alguna vez llegaría a terminarlo.

Comprehension check

0/4 answered

1. What had Valeria done professionally for eleven years before this project?

2. What did Valeria's partner Tomás notice about her?

3. What troubling discovery did Valeria make in the nearly finished manuscript?

4. How did Ezequiel react when Valeria confessed about the paragraph?