Short story
El manuscrito ajeno
A novelist discovers her unpublished manuscript was plagiarized and released under another writer's name.
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Words to know (33)
- el episodio · episode
- extraordinario · extraordinary
- impreso · printed
- líquido · liquid
- acuñar · to coin
- el aislamiento · isolation
- alegar · to claim
- alterar · to alter
- la ambivalencia · ambivalence
- asociado · associated
- atmosférico · atmospheric
- la circulación · circulation
- coincidir · to agree
- compartir · to share
- la compensación · compensation
- la contraportada · back cover
- cosmético · cosmetic
- cotejar · to compare
- disfrazado · disguised
- estandarizado · standardized
- exigir · to require
- la garantía · guarantee
- gélido · icy
- el impostor · impostor
- inacabado · unfinished
- mero · mere
- minuciosamente · meticulously
- modificado · altered
- ofrecerse · to volunteer
- padecer · to suffer
- paradójicamente · paradoxically
- preceder · to precede
- privar de · to deprive of
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Susana Iráizoz reconoció su propia novela en la de un libro ajeno mientras esperaba, distraída, en la fila de una librería del centro, y durante varios segundos se convenció de que se trataba de una coincidencia una de esas casualidades literarias que a veces ocurren cuando dos escritores, sin conocerse, exploran temas parecidos por razones puramente
Pero al leer la sinopsis completa, en letras doradas sobre un fondo verde botella, comprendió con una certeza que aquello no era coincidencia alguna: la trama, los nombres apenas de los personajes, incluso una metáfora particular sobre el mar como memoria que ella misma había durante meses de reescritura solitaria, aparecían allí, atribuidos a un autor llamado Ezequiel Mondragón del que jamás había oído hablar.
Su manuscrito, titulado Los que no vuelven, llevaba tres años circulando entre editoriales sin encontrar una que se animara a publicarlo, rechazado siempre con la misma cortesía genérica de las cartas de rechazo hasta que Susana, cansada del rechazo sistemático, decidió enviarlo también a un taller de escritura creativa online donde recibía comentarios de otros aspirantes a escritores, uno de los cuales, comprendió ahora con una furia creciente, debía de ser el propio Mondragón.
Compró el libro allí mismo, sin poder esperar a llegar a casa, y lo leyó de un tirón esa misma noche, encontrando capítulo tras capítulo fragmentos casi idénticos a su propio manuscrito, apenas por cambios de nombres y de algún escenario secundario, como si Mondragón hubiera calculado con precisión quirúrgica cuánto podía sin perder la esencia de lo que estaba robando.
Consultó con una abogada especializada en propiedad intelectual, quien le explicó, con la paciencia profesional de quien ha visto casos similares antes, que demostrar el plagio ambos textos, presentar el registro de fecha del manuscrito original —que afortunadamente Susana había registrado en una plataforma de derechos de autor antes de enviarlo al taller online— y prepararse para un proceso legal que podría extenderse durante años sin alguna de resultado favorable.
Durante las semanas de preparación del caso, Susana experimentó una sensación extraña que no había anticipado: además de la rabia evidente por el robo, sentía una especie de duelo anticipado por la posibilidad de que su propia voz narrativa, cultivada durante años de escritura solitaria, terminara públicamente, incluso después de ganar el caso, al nombre de un que la había en la publicación.
El editor de Mondragón, al ser contactado por la abogada de Susana, reaccionó con una defensa inicial cerrada, que las similitudes eran coincidencias temáticas propias de un género literario compartido, una respuesta que a Susana le pareció un insulto adicional, como si pretendieran convencerla de que la metáfora del mar como memoria tan personal y trabajada, pudiera ocurrírsele a cualquiera por casualidad.
El caso tomó un giro decisivo cuando otro miembro del mismo taller de escritura online, una mujer llamada Perla que había leído ambos manuscritos en su momento, se como testigo voluntaria, confirmando ante la abogada que Mondragón había participado activamente en las sesiones donde Susana fragmentos extensos de su obra, meses antes de la publicación del libro plagiado.
Con aquel testimonio adicional, sumado al registro de fecha original, la editorial de Mondragón decidió retirar el libro de antes de que el caso llegara a juicio formal, ofreciendo una económica confidencial a cambio de que Susana no hiciera pública la disputa, una propuesta que ella aceptó no sin consciente de que el silencio impuesto por el acuerdo la de la reivindicación pública que en el fondo también anhelaba.
Mondragón, según supo después por rumores del ambiente editorial, abandonó la escritura por completo tras el escándalo, mientras que Susana, descubrió que el lejos de paralizarla, le dio el impulso final para reescribir Los que no vuelven con una energía renovada, incorporando incluso, de manera casi terapéutica, un personaje secundario inspirado libremente en la experiencia del robo literario que acababa de
La novela, finalmente publicada dos años después bajo su propio nombre, no alcanzó un éxito comercial pero Susana sintió, al sostener el primer ejemplar entre las manos, una satisfacción que ningún acuerdo confidencial ni ninguna suma de dinero hubiera podido reemplazar del todo: la certeza tranquila de que aquellas palabras, por fin, regresaban a quien legítimamente les había dado forma primero.
Perla, la compañera de taller que había servido de testigo, se convirtió con el tiempo en una amiga cercana, y ambas en que el por doloroso que hubiera sido, les había enseñado algo incómodo sobre los espacios de creación compartida: que la confianza necesaria para mostrar un trabajo ante otros escritores siempre implicaba cierto riesgo, y que la única defensa real contra ese riesgo no era el silencio ni el sino la costumbre, mucho más tediosa pero infinitamente más segura, de dejar constancia fechada de cada palabra propia antes de compartirla con nadie.
Susana empezó, además, a dictar pequeños talleres presenciales para escritores noveles, insistiendo siempre, casi como advertencia ritual al inicio de cada curso, en la importancia de registrar legalmente cualquier manuscrito antes de exponerlo a la mirada ajena, una lección que ella misma hubiera preferido no tener que aprender de la manera más amarga posible, pero que ahora transmitía con la autoridad tranquila de quien ha recuperado, contra todo pronóstico, lo que alguna vez estuvo a punto de perder para siempre.
Comprehension check
0/4 answered
1. Where did Susana first realize her novel had been plagiarized?
2. How had the plagiarist likely gained access to Susana's manuscript?
3. What crucial piece of evidence helped Susana's legal case?
4. What was the final resolution of the case?
Grammar in this story
- The Imperfect Subjunctive in Spanish · Advanced guide
- Spanish Commands (the Imperative) · Elementary guide
- Por vs. Para: A Clear Guide · Elementary guide