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Short story

La lista de espera

An emergency room doctor, forced to choose who gets treated first during a mass emergency, carries one decision home with her for years.

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Words to know (22)
  • el criterio · criterion
  • la rapidez · speed
  • el residente · resident (doctor)
  • sobrevivir · to survive
  • el triaje · triage
  • urgencias · emergency room
  • atender · to treat, attend to
  • la catástrofe · disaster
  • la circunstancia · circumstance
  • la cirugía · surgery
  • colisionar · to collide
  • convivir · to live with
  • ejercer · to practice
  • escolar · school
  • establecer · to set out, establish
  • impartir · to give, teach
  • implicar · to involve
  • ingrato · thankless
  • la inocencia · innocence
  • la intervención · intervention, procedure
  • el margen · margin, leeway
  • el monumento · monument

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La doctora Beatriz Solano llevaba quince años trabajando en cuando ocurrió el accidente que cambiaría para siempre su manera de entender su profesión. Un autobús había contra un camión en la autopista cercana, y en cuestión de minutos el hospital se vio desbordado por heridos que llegaban con una para la que ningún protocolo parecía suficiente. Beatriz, como médica de mayor experiencia en el turno, tuvo que asumir la tarea más de todas: decidir, con información incompleta y segundos de a quién primero.

El sistema de que había aprendido en la universidad claros sobre el papel: se atendía primero a quienes tenían más posibilidades de con una inmediata, dejando para después a los casos demasiado graves como para salvarse y a los que, aun sin tratamiento urgente, podían esperar. En la teoría, el método parecía frío pero justo; en la práctica, aquella tarde, cada decisión mirar a los ojos a un padre o a una madre y elegir, en cuestión de segundos, qué niño pasaba primero.

Entre los heridos llegaron dos niños casi al mismo tiempo, con lesiones de gravedad similar, y solo un quirófano disponible de inmediato. Beatriz tuvo que decidir, basándose en un examen de apenas un minuto, cuál de los dos tenía mayores probabilidades de a la Escogió al niño cuyos signos vitales, aunque débiles, parecían más estables, sabiendo que esa decisión podía significar, para el otro, la diferencia entre vivir y no hacerlo.

El segundo niño murió antes de que pudiera intervenirlo un segundo equipo que se organizó apenas unos minutos después. Beatriz nunca llegó a saber con certeza si una decisión distinta habría cambiado el desenlace, y esa incertidumbre, más que la propia muerte del niño, fue lo que la acompañó durante los años siguientes cada vez que cerraba los ojos.

Los protocolos del hospital, y también sus colegas, coincidieron en que había actuado correctamente dadas las que ningún distinto habría garantizado un resultado diferente, y que cuestionarse decisiones tomadas bajo semejante presión no conducía a nada bueno. Beatriz escuchaba estos argumentos y los entendía racionalmente, pero sabía que ninguna explicación lógica podría borrar la imagen de aquel padre esperando noticias que nunca serían las que deseaba.

Con los años, siguió trabajando en y aprendió a con la certeza de que su profesión la obligaría, más de una vez, a tomar decisiones imposibles sin el consuelo de saber si habían sido las correctas. Empezó a formación a médicos sobre en situaciones de no porque hubiera encontrado respuestas definitivas, sino precisamente porque sabía, mejor que nadie, cuánto pesaban esas decisiones cuando no había tiempo para dudar.

En una de esas sesiones, un le preguntó, con la de quien todavía no ha vivido una situación así, cómo lograba decidir con tanta sin quedarse paralizada por el miedo a equivocarse. Beatriz respondió que nunca había dejado de sentir ese miedo, y que probablemente sería mala señal el día en que dejara de sentirlo; lo único que había aprendido era a actuar de todos modos, porque la alternativa —no decidir— también era, a su manera, una decisión, y casi siempre la peor de todas.

Aquella noche, de camino a casa, Beatriz pasó, como hacía cada año por las mismas fechas, frente al pequeño que la ciudad había levantado en memoria de las víctimas del accidente. No se detuvo mucho tiempo, pero antes de seguir su camino, permitió que el recuerdo del segundo niño la visitara una vez más, no como una culpa que debía cargar en silencio, sino como el precio, ya asumido, de haber elegido seguir un oficio que a veces exigía lo imposible.

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1. What impossible task fell to Dr. Beatriz Solano during the bus accident?

2. What happened with the two children who arrived with similar injuries?

3. What did Beatriz say to the resident who asked how she managed to decide so quickly?

4. How does Beatriz relate to the memory of the second child years later?