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Short story

El último tejedor

A photographer sets out to document a dying craft and finds herself changed by the artisans she meets.

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Words to know (30)
  • advertir · to warn
  • andino · Andean
  • la cintura · waist
  • desaparecer · to disappear
  • modesto · modest
  • representar · to represent
  • acercarse · to approach
  • ancestral · ancestral
  • consistir · to consist
  • la conversación · conversation
  • convertirse · to become
  • corregir · to correct
  • la creación · creation
  • la demostración · demonstration
  • la desaparición · disappearance
  • la documentación · documentation
  • documental · documentary
  • el esquilado · shearing
  • la expresión · expression
  • extinguirse · to die out
  • familiar · family
  • fotográfico · photographic
  • impartir · to teach
  • la juventud · youth
  • la lana · wool
  • mínimamente · minimally
  • ocasionalmente · occasionally
  • percibir · to sense
  • el puñado · handful
  • receloso · wary

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Sara llegó al pequeño pueblo de Yanacocha con una beca de fotografía y el propósito concreto de retratar a los últimos tejedores de una técnica textil que, según le habían probablemente en menos de una generación. Los jóvenes del pueblo emigraban en masa hacia las ciudades, y con ellos se marchaba también el interés por aprender un oficio que exigía años de paciencia para dominarlo.

La primera persona que aceptó posar para ella fue doña Herminia, una mujer de más de ochenta años que llevaba tejiendo desde los siete, cuando su propia madre le había enseñado a manejar el telar de que todavía usaba a diario. Al principio, doña Herminia se mostró ante la cámara, convencida de que Sara, como tantos otros visitantes antes que ella, simplemente tomaría sus fotografías y sin comprender realmente el significado de su trabajo.

Sara, sin embargo, decidió quedarse en el pueblo mucho más tiempo del previsto originalmente en su plan de beca, pasando semanas enteras observando el proceso completo: desde el de la hasta el teñido con plantas locales y, finalmente, el tejido paciente de patrones que símbolos cuyo significado exacto se estaba perdiendo junto con las personas que todavía los recordaban.

Con el paso de las semanas, doña Herminia empezó a confiar en ella, invitándola a compartir las comidas y contándole historias sobre su sobre el marido que había perdido años atrás, sobre los hijos que se habían marchado a la capital y que rara vez regresaban a visitarla. Sara comprendió que su proyecto se estaba transformando en algo mucho más profundo que una simple técnica.

Descubrió, para su sorpresa, que ninguno de los cinco hijos de doña Herminia había querido aprender el oficio de su madre, considerándolo poco rentable comparado con los trabajos disponibles en la ciudad. La anciana hablaba de este hecho sin rencor aparente, aunque Sara en los silencios que seguían a esas una tristeza que la mujer nunca expresaba abiertamente.

Una tarde, mientras fotografiaba a doña Herminia trabajando en el telar, Sara le preguntó, casi sin pensarlo, si le gustaría enseñarle a ella misma los rudimentos de la técnica. La anciana la miró con una que mezclaba sorpresa y algo parecido a la esperanza, y aceptó, no sin antes que se necesitaban años, no semanas, para dominar el oficio.

Sara empezó a aprender, torpe al principio, cometiendo errores que doña Herminia con una paciencia infinita, la misma que probablemente había empleado con sus propios hijos décadas atrás. Aquellas sesiones de aprendizaje se poco a poco, en el corazón real de su proyecto, más importante incluso que las fotografías que originalmente había ido a tomar.

Cuando finalmente regresó a la ciudad, meses después de lo planeado, Sara llevaba consigo no solo cientos de fotografías cuidadosamente compuestas, sino también un telar de que doña Herminia le había regalado, insistiendo en que siguiera practicando aunque fuera lejos de Yanacocha, para que la técnica no muriera del todo con ella.

La exposición que Sara organizó meses después, en una galería de la capital, no únicamente en fotografías, sino también en una pequeña en vivo del proceso de tejido, para la cual invitó a doña Herminia a viajar a la ciudad por primera vez en su vida, un gesto que la anciana aceptó con una mezcla de nerviosismo y orgullo evidente.

Durante la inauguración, varios visitantes jóvenes, hijos de familias que habían emigrado generaciones atrás desde regiones similares, se a doña Herminia para preguntarle si estaría dispuesta a dar talleres, interesados en reconectar con una tradición que sus propias familias habían dejado atrás sin querer del todo perderla.

Aquella respuesta inesperada llevó a la meses después, de un pequeño taller itinerante que doña Herminia, acompañada por Sara, empezó a en distintas ciudades, enseñando la técnica a un de estudiantes cuyo interés, aunque en número, al menos una posibilidad real de que el oficio no se por completo.

Sara comprendió, reflexionando sobre todo lo vivido durante aquel proyecto, que había llegado a Yanacocha buscando documentar una y que en cambio había terminado por contribuir, de manera pero genuina, a que aquella tradición encontrara una forma distinta, aunque incierta, de sobrevivir un poco más allá de las manos que originalmente la habían sostenido.

Comprehension check

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1. What was Sara's original purpose in visiting Yanacocha?

2. Why had none of doña Herminia's children learned to weave?

3. What did doña Herminia give Sara before she left the village?

4. What happened at Sara's exhibition in the capital?