Short story
La única médica del pueblo
A rural doctor must weigh personal risk and professional duty when a mysterious illness spreads through her village.
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Words to know (43)
- sentir · to feel
- el brote · outbreak
- ceder · to subside
- acaloradamente · heatedly
- acudir · to come
- agrícola · agricultural
- el aislamiento · isolation
- alegar · to claim
- alentador · encouraging
- el criterio · judgment
- cuatrocientos · four hundred
- la decena · about ten (decenas = dozens)
- delicado · weak
- la dificultad · hardship
- discutir · to argue
- disimular · to hide
- duplicar · to double
- encaramado · perched
- la enfermería · nursing
- enviudar · to be widowed
- el equivalente · equivalent
- establecer · to establish
- la fatiga · fatigue
- la firmeza · firmness
- físico · physical
- forjar · to forge
- por fortuna · fortunately
- la fractura · fracture
- la higiene · hygiene
- incapaz · unable
- la inquietud · unease
- la labor · work
- la lentitud · slowness
- muscular · muscle
- la ocasión · occasion
- permitir · to allow
- posponer · to postpone
- previo · preexisting
- privado · private
- la probabilidad · chance
- la rapidez · speed
- remitir · to subside
- resistirse · to resist
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La doctora Rosa Aguilar era, desde hacía doce años, la única médica de Piedrablanca, un pueblo de apenas habitantes entre montañas donde el hospital más cercano quedaba a dos horas de coche por una carretera que en invierno solía cerrarse por la nieve. Había llegado allí recién graduada, con la intención de quedarse solo un par de años, pero el pueblo, con su y su gente, había terminado por atraparla.
Todo empezó un martes de octubre, cuando tres vecinos a su consulta con fiebre alta, dolores y una tos seca que no con los remedios habituales. Rosa, acostumbrada a resfriados comunes y a alguna que otra de tobillo, una que no pudo ante sus pacientes.
Al cabo de una semana, el número de casos se había y entre los afectados figuraban dos ancianos con enfermedades cuyo estado empeoraba con preocupante. Rosa se puso en contacto con las autoridades sanitarias de la capital, que le recomendaron enviar a los casos más graves al hospital regional, pero la carretera llevaba días cerrada por un temporal que nadie había previsto.
Su padre, Ernesto, de setenta y ocho años y con el corazón vivía con ella desde que había Rosa sabía que, si el virus llegaba a su propia casa, las de que su padre lo superase sin complicaciones no eran precisamente y aquel temor personal se mezclaba, de manera incómoda, con su responsabilidad hacia el resto del pueblo.
Para complicar aún más la situación, esa misma semana Rosa había recibido una oferta de trabajo de un hospital en la capital, con un sueldo tres veces superior al que ganaba en Piedrablanca y horarios que, por primera vez en años, le tener una vida fuera de la consulta. Debía dar una respuesta antes de que terminara el mes.
Decidió, sin embargo, cualquier decisión personal hasta controlar el Organizó un pequeño centro de en el antiguo local de la cooperativa reclutó a dos vecinas con formación en para que la ayudaran, y un protocolo estricto de que muchos vecinos, acostumbrados a la vida comunitaria del pueblo, al principio recibieron con resistencia.
Hubo quien se negó a aislarse, que necesitaba trabajar el campo antes de que llegara el frío definitivo, y Rosa tuvo que emplear tanto paciencia como para convencer a esas familias de que el riesgo, aunque invisible, era real. En más de una con vecinos que la conocían desde hacía años y que ahora ponían en duda su profesional.
La noche en que su padre empezó a tener fiebre, Rosa que el mundo se le venía encima. Lo instaló en la habitación más ventilada de la casa, le administró los cuidados que había aprendido a dar a de pacientes esa misma semana, y pasó la noche entera despierta, comprobando su temperatura cada hora, de separar por completo a la médica de la hija.
Por la fiebre de Ernesto al tercer día, aunque la experiencia dejó en Rosa una que no era solo Aquella noche comprendió, con una claridad que la sorprendió, cuánto le importaba realmente aquel pueblo y cuánto se había equivocado al considerar la oferta de la capital como una simple mejora salarial.
Con el paso de las semanas, el empezó a gracias a las medidas que Rosa había impuesto, aunque no sin costo: dos ancianos del pueblo no sobrevivieron, y su pérdida se con la intensidad propia de una comunidad tan pequeña que todos se conocían por su nombre de pila.
En la asamblea vecinal que se celebró para agradecer su varios vecinos, incluidos algunos de los que más se habían al principio, le pidieron disculpas por sus dudas y le expresaron un reconocimiento que ella no supo cómo recibir sin emocionarse. Rosa comprendió entonces que aquel vínculo, en la no tenía en ningún sueldo.
Semanas después, llamó al hospital de la capital para rechazar la oferta. Colgó el teléfono con una sensación de alivio genuino y, esa misma tarde, mientras caminaba hacia la consulta bajo la primera nevada del invierno, pensó que algunos médicos salvan vidas con tratamientos, y otros, como ella, simplemente deciden quedarse.
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1. How long had Dra. Rosa been the only doctor in Piedrablanca?
2. What personal dilemma complicated Rosa's handling of the outbreak?
3. What happened to Rosa's father during the outbreak?
4. What did Rosa decide at the end of the story?
Grammar in this story
- The Spanish Subjunctive: When to Use It · Intermediate guide
- Por vs. Para: A Clear Guide · Elementary guide