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Mastery · Short story

El último turno

On her final night shift before retiring, a nurse in Bogotá listens to a patient who insists on confessing something to a stranger.

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Words to know (21)
  • la torta de tres leches · tres leches cake
  • amortiguado · muffled
  • la confesión · confession
  • creer · to believe
  • criar · to bring up
  • la enfermería · nurses' station
  • espeso · thick
  • el fluorescente · fluorescent light
  • honrado · honest
  • la infidelidad · infidelity
  • la inquietud · unease
  • la meticulosidad · thoroughness
  • la neumonía · pneumonia
  • preferir · to prefer
  • producir · to cause
  • el rencor · grudge
  • rezar · to pray
  • la sábana · sheet
  • sostener · to hold
  • zumbar · to buzz
  • el parte médico · medical report

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Después de treinta y un años en el Hospital San Rafael, Gloria Esperanza Rincón había aprendido a reconocer las noches por el ruido. Había noches de ambulancias, en las que las puertas de urgencias no dejaban de abrirse; noches de lluvia, en las que Bogotá entera parecía bajo un trapo húmedo, y noches como aquella, de un silencio tan que se oía el del pasillo.

Era su último turno. Al día siguiente empezaba una jubilación que había imaginado durante años y que ahora, a pocas horas de distancia, le una difícil de explicar. Sus compañeras le habían dejado una de tres leches en la nevera de la sala de y una tarjeta firmada por todo el piso. Ella no abrirla todavía.

A las tres de la madrugada sonó el timbre de la habitación 412. Era don Aurelio Patiño, un hombre de ochenta y tantos años ingresado por una que, según el último médico, no evolucionaba bien. Gloria lo encontró sentado en la cama, con los ojos muy abiertos y las manos cruzadas sobre la como si estuviera

—Perdone que la moleste, señorita —le dijo, y a ella le hizo gracia que, a sus cincuenta y nueve años, alguien todavía la llamara así—. No me duele nada. Es que necesito contarle algo a alguien que no me conozca.

Gloria acercó la silla. Había escuchado muchas en esas horas muertas: antiguas, deudas, que la gente no se atrevía a decir de día. Sabía que lo importante no era responder, sino quedarse.

Don Aurelio le contó que en 1974 había sido cajero de una notaría en Tunja, y que una tarde, al cerrar, encontró en un sobre olvidado una suma de dinero que nadie reclamó jamás. Se la quedó. Con ella pagó la entrada de la casa donde a sus cinco hijos. «Nunca se lo dije a mi mujer», explicó. «Ella murió que yo era un hombre Y lo fui, ¿sabe?, todos los demás días de mi vida. Pero ese no».

Gloria no supo qué decirle, de modo que no dijo nada. Le tomó la mano, que estaba fría y sorprendentemente suave, y la un rato. Al cabo, don Aurelio suspiró, como quien deja una maleta en el suelo después de un viaje largo. «Ya está», dijo. «Ahora lo sabe alguien. Con eso me basta». Y se quedó dormido casi de inmediato.

Al amanecer, cuando entregó el turno a la enfermera de la mañana, Gloria repasó el estado de cada paciente con la de siempre. Al llegar a la 412, dudó un instante. «Durmió bien», dijo solo. Después recogió sus cosas, guardó la para sus nietos y, ya en el bus, abrió por fin la tarjeta de sus compañeras.

Mientras el bus bajaba por la carrera Séptima entre el tráfico de la mañana, pensó que quizá aquello había sido su trabajo durante treinta y un años: no curar, que eso lo hacían otros, sino estar ahí cuando alguien necesitaba que lo escucharan. Y pensó también, con una mezcla de alivio y de pena, que esa noche había sido la última vez.

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1. Why does Gloria feel uneasy?

2. Why does Don Aurelio call her?

3. What had Don Aurelio done in 1974?

4. What does Gloria conclude her job had really been?