Professional & Academic · Short story
El cayuco
A young doctor posted to El Hierro for a year faces the night a boat arrives with two hundred people on board.
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Words to know (25)
- el cayuco · migrant boat (cayuco)
- agrietado · cracked
- amarrar · to moor, tie up
- la barcaza · barge
- el buceo · diving
- la combinación · combination
- convertirse · to turn into
- despistado · absent-minded
- la embarcación · vessel, boat
- la fatiga · fatigue
- el gasoil · diesel
- el heroísmo · heroism
- el labio · lip
- el malpaís · lava field
- el olor · smell
- la orina · urine
- la quemadura · burn
- retener · to hold on to
- el salitre · salt (from sea spray)
- el sorteo · draw, lottery
- la tertulia · talk show, discussion
- la travesía · crossing
- el triaje · triage
- tumbarse · to lie down
- zarpar · to set sail
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A Irene Cabrera la destinaron al centro de salud de La Restinga, en el extremo sur de El Hierro, por una de mala suerte en el de plazas y de una ingenuidad que ella misma reconocería después. Había imaginado un año tranquilo en la isla más pequeña de las Canarias: los fines de semana, consultas de tensión arterial, alguna fractura de turista Nadie le había explicado, o ella no había querido oírlo, que La Restinga era también el primer puerto europeo al que llegaban los que de las costas de Senegal y Mauritania.
El primero llegó en octubre, una madrugada sin viento. Irene se enteró por una llamada del 112 a las cuatro y veinte. Cuando bajó al muelle, ya estaban allí la Guardia Civil, Salvamento Marítimo, la Cruz Roja y medio pueblo en pijama. La una de madera pintada de colores que había perdido casi todo su brillo, se balanceaba atracada junto a los barcos de pesca. De ella iban bajando, en silencio, ciento noventa y tres personas que llevaban nueve días en el mar.
Lo que siguió lo recordaría durante años con una nitidez que la desconcertaba, como si su memoria hubiera decidido guardar cada detalle por si algún día alguien le pedía cuentas. Recordaría el a y a los las del sol mezclado con un chico de unos quince años que no soltaba una botella de plástico vacía. Recordaría haber hecho con una linterna frontal, clasificando cuerpos en verde, amarillo y rojo con la frialdad que le habían enseñado en la facultad y que, hasta entonces, había creído teórica.
Hubo dos muertos esa noche. Uno había fallecido en la y sus compañeros no habían querido arrojarlo al mar; el otro, un hombre de unos cuarenta años, murió en el muelle mientras Irene le colocaba una vía, sin que ella llegara a saber su nombre ni de dónde venía. Por la mañana, cuando los autobuses se llevaron a los supervivientes al centro de acogida, Irene volvió a su casa, se duchó, se en la cama y no consiguió dormir hasta el día siguiente.
Llegaron muchos más aquel invierno. El pueblo, de apenas trescientos habitantes, desarrolló una rutina que habría parecido imposible en cualquier otro sitio: la panadería abría de madrugada para hacer bocadillos, el bar del puerto se en almacén de mantas, los pescadores ayudaban a las Nadie lo consideraba Lo decían con una sencillez que a Irene, acostumbrada a los debates encendidos de las de la península, le resultaba casi incomprensible: «Es que llegan aquí. ¿Qué vas a hacer?».
Con el tiempo, Irene aprendió a distinguir entre el cansancio físico, que se curaba durmiendo, y otro más difuso que se le acumulaba sin que supiera dónde. Una psicóloga de la Cruz Roja que pasaba por la isla cada quince días le habló de la por compasión y le recomendó que no se pasara las noches leyendo noticias sobre migración. Irene le hizo caso a medias. Empezó, en cambio, a escribir: no un diario, sino una lista de nombres de quienes había atendido, cuando lograba saberlos.
En primavera, la llamaron desde Las Palmas para ofrecerle una plaza en un hospital grande, con guardias mejor pagadas y un horario más previsible. Era exactamente lo que había pedido un año antes. Se tomó una semana para contestar, paseó mucho por el ese paisaje de lava negra que rodea el pueblo, y habló con el pescador que le alquilaba la casa, un hombre parco que se limitó a decirle que la isla no a nadie, pero que tampoco olvidaba.
Rechazó la plaza. No por vocación, se apresuraba a aclarar cuando alguien la felicitaba por ello, sino porque no se veía capaz de explicar en una consulta de Las Palmas lo que había visto en el muelle, y le parecía más honesto quedarse donde no hacía falta explicarlo. La lista de nombres ocupa ya tres cuadernos. Sigue sin saber el del hombre que murió la primera noche, y ha dejado una línea en blanco para él al principio del primero.
Comprehension check
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1. What had Irene imagined her year on El Hierro would be like?
2. How did the people of La Restinga respond to the arrivals?
3. What did Irene start doing to cope?
4. Why did she turn down the job in Las Palmas?
Grammar in this story
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