Professional & Academic · Short story
La junta de vecinos
At a residents' meeting in a Barcelona building bought by an investment fund, a quiet accountant has to decide whose side he is on.
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Words to know (18)
- asistir · to attend
- el carrito · trolley, shopping cart
- catalán · Catalan
- el coeficiente · share (of a building)
- desagradable · unpleasant
- desconchado · peeling
- detestar · to detest
- exhibirse · to be shown
- exponer · to set out, present
- inclinar (la balanza) · to tip (the balance)
- paquistaní · Pakistani
- plegable · folding
- presidir · to chair
- pretender · to intend, aim
- el recordatorio · reminder
- regentar · to run (a business)
- la revalorización · increase in value
- el vestíbulo · lobby
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La convocatoria apareció pegada con celo en el ascensor un martes por la tarde: «Junta extraordinaria de propietarios. Orden del día: punto único, situación del 3.º 2.ª». Arnau Puig la leyó dos veces mientras subía al quinto y llegó a casa con la sensación de que el edificio, en el que vivía desde hacía once años sin conocer apenas a nadie, le iba a pedir algo que no quería dar.
La situación del tercero segunda tenía nombre y apellidos: Remedios Alcaraz, ochenta y siete años, viuda, inquilina con contrato de renta antigua desde 1971. El piso, como otros cuatro de la finca, había sido adquirido el año anterior por un fondo de inversión con sede en Luxemburgo que, a través de una sociedad con un nombre de lo más campechano, rehabilitarlo y alquilarlo por temporadas. Para ello necesitaba que la señora Alcaraz se marchara, y la señora Alcaraz no tenía la menor intención de marcharse.
La junta se celebró en el con sillas y un administrador de fincas que leía los puntos con la monotonía de quien ha demasiadas. El representante del fondo, un chico joven y muy bien peinado, con una cortesía impecable que la empresa había ofrecido a la inquilina una indemnización generosa y un piso alternativo en Badalona, y que su negativa estaba bloqueando unas obras de fachada que, a fin de cuentas, beneficiaban a todos los propietarios. Pedía a la comunidad que se pronunciara.
Arnau, contable de profesión, entendió enseguida la jugada. La comunidad no tenía competencia alguna sobre un contrato de alquiler; lo que el fondo buscaba era un acta en la que los vecinos expresaran su «preocupación» por el retraso de las obras, un papel que luego podría ante un juez o ante la propia señora Alcaraz como prueba de que estaba sola. Era una maniobra legal, discreta y, pensó, bastante eficaz.
Lo que no esperaba era la reacción de sus vecinos. La del ático, una arquitecta que siempre le había parecido altiva, dijo que las obras de fachada podían hacerse perfectamente con la señora en su casa. Un matrimonio del primero, que la tienda de la esquina, recordó que Remedios les había ayudado con los papeles del arraigo cuando nadie más lo hizo. El jubilado del segundo, que votaba a un partido que Arnau se levantó para decir que a una vecina suya no la iba a echar de Barcelona un fondo «que no sabe ni dónde está la Sagrada Familia».
Cuando le llegó el turno, Arnau se dio cuenta de que todos lo miraban. Era, por lo visto, el único propietario que aún no se había pronunciado, y su voto, por el de su piso, podía la balanza de una votación que el administrador ya estaba preparando. Pensó en la de su vivienda, en la fachada en su propia hipoteca, en la discreción con que había vivido once años sin meterse en nada. Pensó también en la señora Alcaraz, a la que solo conocía de saludarla en la escalera con el de la compra.
«Yo propongo que conste en acta», dijo por fin, con una voz que le sonó ajena, «que esta comunidad no tiene ninguna queja de la vecina del tercero segunda, y que las obras de fachada pueden y deben hacerse sin que nadie tenga que irse de su casa». Hubo un silencio breve y luego, para su sorpresa, aplausos. El representante del fondo tomó nota sin perder la sonrisa. El administrador, resignado, redactó el acta.
La señora Alcaraz no a la junta; nadie la había invitado, puesto que no era propietaria. Una semana después, Arnau encontró en su buzón un sobre escrito a mano con una letra temblorosa. Dentro había una tarjeta con una sola frase de agradecimiento, escrita en y una receta de crema que, según una nota al margen, «no falla nunca si no se tiene prisa». Arnau no sabía cocinar. La dejó pegada en la nevera, como un de algo que todavía no sabía bien cómo nombrar.
Comprehension check
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1. What did the investment fund want from the residents' meeting?
2. What surprised Arnau about his neighbours?
3. Why was Arnau's vote important?
4. What did Señora Alcaraz send him?
Grammar in this story
- Saber vs. Conocer: The Difference · Beginner guide
- Ser vs. Estar: When to Use Each · Beginner guide