Professional & Academic · Short story
El corrector
The last proofreader at a Madrid newspaper writes a farewell column about the mistakes nobody will catch any more.
Tap a dotted word for its meaning.
Words to know (20)
- el corrector · proofreader
- convenir · to be advisable
- la corrección · proofreading, correction
- corregir · to correct
- detenerse · to stop
- distraerse · to get distracted
- escurridizo · slippery, elusive
- la ferretería · hardware shop
- la humildad · humility
- inaguró (misspelling of inauguró) · inaugurated (deliberately misspelt)
- ingrato · thankless
- inofensivo · harmless
- llamativo · eye-catching
- la necrológica · obituary
- normalizarse · to become normal
- perseguir · to haunt, pursue
- provocar · to provoke
- poner · to put
- el redactor · staff writer
- torcerse · to go wrong, twist
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Esta es la última columna que firmo en este periódico, y probablemente la primera que alguno de ustedes lee con mi nombre debajo. No me extraña. Durante treinta y cuatro años he sido que es una forma muy digna de ser invisible: si hacía bien mi trabajo, nadie se enteraba; si lo hacía mal, se enteraba todo el mundo, pero la culpa se la llevaba otro. Desde el lunes, la sección de deja de existir. La sustituye un programa que, según me aseguran, no se cansa, no se y no pide vacaciones en agosto.
No escribo para quejarme, o no solo. Escribo porque en estos años he aprendido algo sobre los errores que tal vez dejar por escrito antes de que nadie más esté en condiciones de recordarlo. La mayoría de las erratas son una tilde de más, una concordancia que se un «haber» que debería ser «a ver». Los lectores las perdonan o, peor aún, ni siquiera las notan. Pero hay otra clase de errores, más que no son de ortografía sino de sentido.
Recuerdo una crónica judicial en la que un escribió que el acusado «había confesado» cuando lo que había hecho era «declarar». Recuerdo un titular sobre una huelga que decía que los trabajadores «amenazaban» con parar, cuando en el comunicado decían que lo «anunciaban». Recuerdo una en la que el difunto aparecía como «conocido empresario» y su viuda llamó llorando para pedir que «maestro», que era lo que había sido durante cuarenta años antes de heredar la de su suegro.
Ninguno de esos errores lo habría detectado un programa, porque no eran errores gramaticales. Eran errores de juicio, de matiz, de esa zona difusa donde una palabra correcta dice algo incorrecto. Para encontrarlos no basta con conocer las reglas. Hace falta haber leído mucho, desconfiar de lo evidente y, sobre todo, tener tiempo. Y el tiempo, me temo, es precisamente lo que se ha decidido que ya no podemos permitirnos.
No soy ingenuo. Sé que los periódicos atraviesan una crisis que no se resuelve con nostalgia, y que entre despedir a un y a una periodista de la sección de Internacional, la dirección ha elegido lo que considera menos grave. Tampoco me creo imprescindible. Si algo enseña este oficio es en treinta y cuatro años se me han escapado erratas que todavía me en sueños, como aquella vez en que el presidente del Gobierno un hospital en portada.
Lo que me preocupa no es lo que perderá el periódico, sino lo que perderemos todos sin darnos cuenta. Cada vez que una palabra imprecisa se publica sin que nadie la cuestione, se un poco. Al cabo de los años, la lengua no se empobrece por los errores que todo el mundo sino por los pequeños desplazamientos de sentido que nadie se a mirar. «Confesar» y «declarar» acaban siendo sinónimos. «Amenazar» y «anunciar», también. Y con ellos, se van difuminando distinciones que no son solo lingüísticas.
Me despido, pues, con una petición modesta. Lean despacio. Desconfíen de los verbos que juzgan sin decirlo. Cuando un titular les una emoción inmediata, pregúntense qué palabra la ha provocado y si era la única posible. No les pido que se conviertan en que es un oficio y mal pagado, sino que hagan, cada uno en su casa, una pequeña parte del trabajo que a partir del lunes ya no hará nadie.
Y si encuentran alguna errata en esta columna, que la habrá, sepan que esta vez no ha sido culpa del Por primera vez en treinta y cuatro años, nadie me ha revisado.
Comprehension check
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1. Why is this the narrator's last column?
2. What kind of errors worries him most?
3. According to him, how does language become impoverished?
4. What does he ask readers to do?
Grammar in this story
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- Ser vs. Estar: When to Use Each · Beginner guide
- The Spanish Future Tense (and Ir a + Infinitive) · Intermediate guide