Professional & Academic · Short story
Los huesos
A forensic anthropologist in Guatemala works to identify remains from a massacre while a woman waits, every day, at the edge of the excavation.
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Words to know (26)
- kaqchikel · Kaqchikel (Maya people and language)
- el testimonio · testimony
- el altiplano · highlands
- anatómico · anatomical
- la antropología · anthropology
- asistir · to attend
- el bastón · walking stick
- el caucho · rubber
- el entierro · burial
- el estrato · layer, stratum
- la excavación · excavation
- la exhumación · exhumation
- el forense · forensic expert
- el güipil · huipil (embroidered blouse)
- la identificación · identification
- el militar · soldier
- minucioso · meticulous
- occidental · western
- pardo · brownish
- la patrulla · patrol
- perimortem · at the time of death
- el proyectil · projectile, bullet
- requerir · to require
- la saliva · saliva
- soberanamente · utterly
- el traumatismo · trauma, injury
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La fosa estaba en un claro del bosque, a dos horas de camino de la aldea de Chuisac, en el de Guatemala, y Ana Lucía Xoy llevaba seis semanas trabajando en ella con un equipo de cuatro personas, una carpa azul y una paciencia que a los periodistas que de vez en cuando subían a visitarlos les parecía inverosímil. La forense no tiene nada que ver con las series de televisión: es lenta, repetitiva, y consiste sobre todo en no destruir lo que se busca mientras se busca.
Los recogidos años atrás por una comisión de derechos humanos hablaban de una madrugada de 1982 en la que una militar había rodeado la aldea, había separado a los hombres de las mujeres y se había llevado a diecisiete hombres hacia el bosque. Nunca volvieron. Durante cuatro décadas, sus familias habían sabido, con la certeza sorda con que se saben ciertas cosas, dónde estaban. Lo que les faltaba era que alguien con autoridad lo dijera en voz alta y les devolviera lo que quedaba.
Ana Lucía era había estudiado en la universidad de San Carlos y había aprendido el oficio en un tiempo en que los recibían amenazas por teléfono y no siempre podían contárselo a sus familias. Ahora las amenazas eran menos frecuentes, pero el trabajo seguía siendo, en el fondo, político, por mucho que ella se empeñara en describirlo con un lenguaje estrictamente técnico: posiciones lesiones compatibles con de arma de fuego.
Había una mujer que subía todos los días. Se llamaba doña Petrona, tenía casi noventa años y caminaba las dos horas desde la aldea apoyada en un y en una nieta adolescente que se aburría Se sentaba en una piedra al borde de la con un de colores que contrastaba con la tierra y miraba el trabajo en silencio durante horas. Ana Lucía sabía por los que había perdido a su marido y a dos hijos en aquella madrugada.
Al principio, la presencia de doña Petrona la incomodaba. La ética profesional desaconsejaba que las familias presenciaran la el impacto emocional podía ser devastador, y la escena del trabajo forense no es un lugar para el duelo. Ana Lucía se lo explicó con todo el tacto del que fue capaz, primero en español y luego en Doña Petrona la escuchó con atención y, al día siguiente, volvió a la misma piedra. «Ya esperé cuarenta años lejos», le dijo. «Ahora quiero esperar cerca».
Ana Lucía no insistió. Con el paso de los días, empezó a explicarle a la anciana lo que iban encontrando, sin ahorrarle nada pero sin añadir lo innecesario. Un botón de camisa, una suela de un rosario de semillas. Doña Petrona reconoció el rosario. No lloró. Dijo el nombre de su hijo mayor y pidió que lo anotaran bien, con los dos apellidos, porque los siempre los escribían mal.
La definitiva llevó meses y análisis genéticos en un laboratorio de la capital, comparando el ADN de los restos con muestras de de los familiares. De los diecisiete hombres, lograron identificar a catorce. El marido de doña Petrona y uno de sus hijos estaban entre ellos; el otro hijo, no. Ana Lucía fue en persona a comunicárselo, porque había decidido hacía años que ciertas noticias no podían darse por teléfono.
El se celebró en la aldea con una ceremonia maya y una misa católica, una detrás de otra, sin que a nadie le pareciera contradictorio. Ana Lucía desde lejos, como hacía siempre, para no confundir su papel. Al terminar, doña Petrona la buscó entre la gente, le tomó las dos manos y le preguntó cuándo volvía al bosque a buscar al que faltaba. Ana Lucía no tenía una respuesta. Le prometió que no lo olvidaría, y desde entonces guarda en la cartera, junto a su documento de identidad, un papel con un nombre escrito con sus dos apellidos.
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1. How does the story describe real forensic anthropology?
2. Why did doña Petrona insist on staying near the excavation?
3. How were the remains finally identified?
4. What does Ana Lucía carry in her wallet at the end?
Grammar in this story
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