Professional & Academic · Opinion column
La lengua no es de los académicos
An opinion column on prescriptivism, the Real Academia Española and who really decides what counts as correct Spanish.
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Words to know (16)
- amar · to love
- clamar · to cry out
- la claudicación · capitulation
- concebir · to conceive
- el cónclave · conclave
- defender · to argue, to defend
- dictaminar · to rule, to pronounce
- el guardián · guardian
- la labor · work
- el lema · motto
- el mandamiento · commandment
- ridiculizar · to ridicule
- seiscientos · six hundred
- rasgarse las vestiduras · to throw up one's hands in horror
- la aduana · customs
- el vulgarismo · vulgarism, nonstandard form
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Cada vez que la Real Academia Española incorpora a su diccionario una palabra nueva, se repite el mismo ritual. Unos celebran que la institución se modernice; otros se rasgan las ante lo que consideran una frente a la ignorancia. Lo curioso es que ambos bandos comparten una premisa que convendría revisar: la idea de que es la Academia quien decide qué es español y qué no lo es.
La Real Academia nació en 1713 y adoptó poco después un «Limpia, fija y da esplendor», que hoy suena a programa de higiene. Durante siglos se como un tribunal de la lengua, y aún hoy muchos hablantes la imaginan así: un de sabios que lo correcto y lo incorrecto. Sin embargo, la propia institución lleva décadas insistiendo en que su es, ante todo, descriptiva. El diccionario no autoriza las palabras; las registra cuando su uso está suficientemente extendido.
El matiz es decisivo. Las lenguas no las hacen las academias, sino los hablantes, y los hablantes del español son cerca de millones repartidos por más de veinte países. Ninguna institución podría imponerles una norma única, ni tendría sentido intentarlo. Por eso la Academia trabaja hoy junto a las otras veintidós academias de la Asociación de Academias de la Lengua Española, y sus obras recientes reconocen como igualmente legítimas normas cultas distintas: la de Bogotá, la de Buenos Aires, la de Ciudad de México, la de Madrid.
No con esto que todo valga. La norma existe y cumple una función: permite que un texto jurídico se lea igual en Lima y en Valladolid, y ofrece a quien escribe un terreno común con sus lectores. Pero conviene entender su naturaleza. La norma no es una ley natural ni un sino un consenso sobre los usos prestigiosos de una comunidad en un momento dado, y como todo consenso, cambia.
Basta con hojear un texto del Siglo de Oro para comprobarlo. Muchas de las formas que hoy nos parecen correctas fueron en su día y muchas de las que entonces eran elegantes hoy nos resultan arcaicas. Quienes contra cada novedad olvidan que el español que defienden es el resultado de miles de «errores» que triunfaron.
Propongo, pues, una actitud menos ansiosa ante el cambio lingüístico. Corregir con amabilidad cuando el contexto lo exige, sí; a quien habla de otra manera, no. Consultar el diccionario, por supuesto, pero sabiendo que es un espejo y no una Porque la lengua, por mucho que nos pese a quienes la con celo de no es de los académicos. Es de todos los que la hablan, que son, al fin y al cabo, quienes la mantienen viva.
Comprehension check
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1. What premise do both sides of the debate share, according to the writer?
2. How does the RAE describe its own work today?
3. What is the writer's view of the norm?
4. What image does the writer use for the dictionary?
Grammar in this story
- Ser vs. Estar: When to Use Each · Beginner guide