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Short story

Las correcciones de la viuda

A translator preparing the complete works of a celebrated poet discovers that his widow secretly rewrote dozens of his poems after his death.

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Words to know (41)
  • la edición · edition
  • el poeta · poet
  • impreso · printed
  • el prólogo · preface
  • ofrecer · to offer
  • póstumo · posthumous
  • acceder · to agree
  • la adolescencia · adolescence
  • sin aliento · breathless
  • alterado · altered
  • la arista · rough edge
  • celoso · zealous, protective; jealous
  • conmoverse · to be moved
  • contemplar · to contemplate
  • contradictorio · contradictory
  • conyugal · marital
  • cotejar · to compare
  • defender · to maintain
  • la delicadeza · tact
  • la depresión · depression
  • la desesperanza · hopelessness
  • la desesperación · despair
  • desgarrador · heartbreaking
  • la devoción · devotion
  • el dilema · dilemma
  • la errata · typo
  • la euforia · euphoria
  • la filóloga · philologist
  • la guardiana · guardian
  • imperdonable · unforgivable
  • incluir · to include
  • innegociable · non-negotiable
  • la manipulación · manipulation
  • el matrimonio · marriage
  • mítico · legendary
  • octogenario · in one's eighties
  • precedido de · preceded by
  • proteger · to protect
  • reescribir · to rewrite
  • la reescritura · rewriting
  • rodeado de · surrounded by

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Cuando la editorial le encargó a Teresa Lozano la traducción al inglés de la obra completa de Anselmo Iturbe, el vasco cuya muerte prematura, a los cuarenta y seis años, lo había convertido en una figura casi de la literatura española de finales del siglo XX, ella aceptó con la mezcla de y vértigo que produce la posibilidad de consagrar una década entera a un autor al que se venera desde la

El proyecto por primera vez, el acceso a los manuscritos originales, custodiados durante casi treinta años por la viuda del Carmen Aldecoa, que había sido también su editora y la de su legado. Carmen, ya había a abrir el archivo familiar con la condición expresa de supervisar personalmente cualquier decisión sobre el texto.

Durante los primeros meses, Teresa trabajó con las publicadas, con los manuscritos solo para resolver dudas puntuales de puntuación o de lectura. Fue un detalle aparentemente trivial lo que despertó su sospecha: en un poema muy conocido, la decía "la luz que nos sostiene", mientras que el manuscrito, con la letra nerviosa e inconfundible de Iturbe, decía "la luz que nos abandona".

Al principio lo atribuyó a una pero la curiosidad profesional la llevó a revisar sistemáticamente cada poema publicado tras la muerte del autor. El resultado la dejó sin en cuarenta y tres de los ciento doce poemas había diferencias significativas entre el manuscrito y la versión y todas apuntaban en la misma dirección. Donde Iturbe había escrito la consuelo; donde había rabia, serenidad; donde había dudas sobre su

Teresa comprendió que no se trataba de errores, sino de una deliberada y sostenida. Carmen había corregido, con una habilidad literaria considerable, la voz de su marido muerto, suavizando las de una obra que, en su versión original, era mucho más sombría, más y, a juicio de Teresa, infinitamente más poderosa. Los poemas que habían consagrado a Iturbe como el gran de la esperanza eran, en buena medida, obra de su viuda.

El era de una complejidad que Teresa no había previsto. Por un lado, su deber como traductora y como era evidente: traducir lo que el autor había escrito, no lo que otros habían decidido que debería haber escrito. Por otro, sabía que revelar aquel descubrimiento supondría no solo desmontar la imagen pública de un querido por millones de lectores, sino también exponer, en el último tramo de su vida, a una mujer que había dedicado tres décadas a construir aquel legado.

Decidió, antes de tomar cualquier decisión, hablar con Carmen. La encontró en su piso de San Sebastián, de libros y fotografías del Teresa le mostró, con toda la de que fue capaz, las copias de los manuscritos junto a las páginas Carmen las miró largo rato en silencio, sin sorpresa, como quien una herida antigua que siempre supo que alguien acabaría descubriendo.

Lo que Carmen le contó aquella tarde complicó aún más el asunto. Anselmo, le explicó, había escrito aquellos poemas durante los dos últimos años de su vida, atravesado por una severa que lo llevó a varios intentos de suicidio, el último de los cuales, contra lo que siempre se había dicho públicamente, fue el que acabó con su vida. Carmen había los poemas, dijo, porque no soportaba la idea de que el mundo recordara a su marido por la que lo destruyó, y no por la luz que ella había conocido durante los veinte años anteriores.

—Usted cree que traicioné su obra —le dijo Carmen, con una firmeza que no admitía condescendencia—. Yo creo que al hombre. Los poemas que él escribió al final no eran él; eran la enfermedad hablando con su voz. Teresa no supo qué responder. Comprendía el argumento, incluso se ante él, pero no podía aceptar que alguien, aunque fuera por amor, decidiera qué parte de un escritor merecía sobrevivir.

Durante semanas, Teresa consultó con colegas, con especialistas en ética editorial y con el director de la editorial. Las opiniones estaban profundamente divididas: algunos que la verdad textual era otros sostenían que la voluntad de los herederos y el contexto de la enfermedad justificaban, al menos, cierta prudencia. Nadie le una respuesta que la dejara en paz.

Finalmente, Teresa propuso una solución que no satisfizo del todo a nadie, pero que le pareció la única honesta: una bilingüe que en páginas enfrentadas, las dos versiones de cada poema de un en el que se explicaría el origen de las diferencias sin juzgar las motivaciones de la viuda. Carmen tardó un mes en responder. Aceptó, con una condición: que el lo escribiera ella misma.

La se publicó dos años después y provocó un intenso debate en el mundo literario. Algunos críticos acusaron a Carmen de otros consideraron su de una honestidad uno de los textos más conmovedores escritos sobre el duelo y la enfermedad mental. Carmen murió pocos meses después de la publicación. Teresa conserva la carta con la que la anciana aceptó su propuesta, en la que, al final, había escrito una sola línea a mano: "Quizás los lectores merecen conocer a los dos Anselmos. Yo tuve la suerte de amar a ambos".

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1. What detail first raised Teresa's suspicion?

2. What pattern did the alterations follow?

3. How did Carmen justify her rewriting?

4. What solution did Teresa propose?