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Mastery · Short story

Las cartas del cajón

Clearing out her late father's house in Asturias, a woman finds letters that reveal a second life he never mentioned.

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Words to know (12)
  • atado · tied
  • la avidez · eagerness
  • la contraventana · shutter
  • el entierro · funeral, burial
  • la esquela · death notice
  • ferroviario · railway (adj.)
  • la goma · rubber band
  • inclinado · slanted
  • el olor · smell
  • oxidado · rusty
  • la pulcritud · neatness
  • el tocadiscos · record player

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La casa de Cangas de Onís llevaba cerrada desde el y al abrir las Covadonga sintió que el a humedad y a madera vieja la devolvía de golpe a los veranos de su infancia. Su padre, Manuel, había vivido allí solo los últimos quince años, desde la muerte de su madre, y había dejado cada cosa en su sitio con una de jubilado.

Tardó una semana en vaciar los armarios. Había ropa que nadie se pondría, herramientas facturas de la luz ordenadas por años y una colección de discos de tangos que la sorprendió: no recordaba haberle oído nunca un tango a su padre. Fue en el último cajón del escritorio, bajo una carpeta de documentos del banco, donde encontró la caja de lata con las cartas.

Eran más de seiscientas, con en paquetes de veinte, todas con sellos argentinos y la misma letra de mujer. El remitente era siempre el mismo: Amelia Prieto, calle Defensa, Buenos Aires. La primera estaba fechada en 1968. La última, apenas tres meses antes de que su padre muriera.

Covadonga se sentó en el suelo y empezó a leer. Al principio, con la incomodidad de quien abre una puerta que no le corresponde; después, con una que la avergonzaba. Amelia había sido novia de su padre en el pueblo, antes de emigrar con su familia a Argentina. Durante más de cincuenta años, se habían escrito una carta al mes. Hablaban del tiempo, de los libros que leían, de la política de sus países, de sus hijos. Nunca, en ninguna, había una sola palabra que pudiera considerarse una traición.

Y, sin embargo, era evidente que aquello había sido algo más que una amistad. Estaba en los silencios, en las preguntas que se repetían cada diciembre, en una frase escrita en 1975, el año en que nació Covadonga: «Me alegra que tengas una hija. Espero que la quieras como yo hubiera querido a la nuestra». Covadonga dejó la carta en el suelo y se quedó un largo rato mirando la pared.

Pensó en su madre. ¿Lo sabía? Repasó mentalmente los detalles que nunca le habían llamado la atención: las visitas de su padre a la oficina de correos los primeros lunes de mes, el tango que a veces silbaba sin darse cuenta, la manera en que su madre cambiaba de tema cuando alguien mencionaba Argentina. Comprendió que su madre probablemente lo sabía, y que había decidido, por razones que ya nunca conocería, que no merecía la pena preguntar.

Buscó a Amelia en internet esa misma noche. Encontró una en un periódico de Buenos Aires: había muerto dos meses después que su padre. Firmaban sus hijos, sus nietos y «sus amigos de toda la vida». Covadonga sintió una pena extraña por una mujer a la que no había conocido y que, de algún modo, había formado parte de su familia sin estar en ninguna foto.

No quemó las cartas, como habría hecho quizá su madre, ni las leyó todas, como le pedía la curiosidad. Las volvió a atar, guardó la caja en su maleta y, antes de cerrar la casa, puso uno de los discos de tango en el viejo Mientras sonaba, pensó que conocía a su padre un poco menos que antes y, al mismo tiempo, mucho mejor.

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1. What surprised Covadonga among her father's things before she found the letters?

2. Who was Amelia Prieto?

3. What did Covadonga conclude about her mother?

4. What did Covadonga do with the letters?