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Professional & Academic · Short story

El arpa

In a workshop near Asunción, an old Paraguayan harp maker takes on an apprentice who wants to make the instrument electric.

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Words to know (22)
  • el arpa · harp
  • el cedro · cedar
  • el amplificador · amplifier
  • amplificar · to amplify
  • el antebrazo · forearm
  • el antepasado · ancestor
  • el cigarro · cigar
  • contradecir · to contradict
  • la delicadeza · delicacy
  • descender · to descend
  • encolar · to glue
  • la escoba · broom
  • el gruñido · grunt, grumble
  • la gubia · gouge (carving tool)
  • la ingeniería · engineering
  • el jesuita · Jesuit
  • nde · hey! (Guaraní interjection)
  • liviano · light (weight)
  • el nudillo · knuckle
  • la polca · polka
  • la reverencia · reverence
  • el tatuaje · tattoo

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En Luque, una ciudad pegada a Asunción que presume de ser la capital de la música paraguaya, don Ramón Benítez llevaba más de cincuenta años construyendo en un taller que olía a a cola de carpintero y a apagado. Sus tenían fama en todo el país: de sonido brillante, con una caja de resonancia que él mismo tallaba a mano siguiendo un patrón que había heredado de su maestro y que nunca había puesto por escrito.

El arpa paraguaya de las que trajeron los en el siglo XVII, pero a lo largo de los siglos se fue apartando de sus europeas hasta convertirse en algo propio: más pequeña, sin pedales, con treinta y seis cuerdas y una sonoridad que, para muchos paraguayos, es la del país mismo. Don Ramón hablaba de ella con una mezcla de y de sorna. «El arpa es como el guaraní», decía. «Vino de afuera, pero ya no es de nadie más que nuestra».

Rodrigo apareció en el taller una mañana de agosto, con veintidós años, un de un arpa en el y un proyecto que don Ramón escuchó con la expresión de quien recibe una mala noticia médica. Quería aprender a construir sí, pero no para repetir las de siempre. Quería hacer un arpa eléctrica, con pastillas magnéticas como las de una guitarra, para tocar en bandas de rock y en festivales, donde el arpa acústica se perdía entre la batería y los

Don Ramón lo despidió esa misma mañana con un Andá a estudiar mezclando el español y el guaraní, como hacía siempre que algo lo irritaba. Rodrigo volvió al día siguiente, y al otro. Al cabo de una semana, el viejo, más por cansancio que por convicción, le dio una y le dijo que, si quería aprender, empezara por barrer el taller. Rodrigo barrió durante un mes. Luego le dejaron lijar. Luego, Pasó casi un año antes de que don Ramón le permitiera tocar una

Durante ese tiempo no volvieron a hablar del arpa eléctrica. Rodrigo aprendió a escoger la madera por el sonido que hace al golpearla con los a curvar el con vapor, a afinar a oído las treinta y seis cuerdas sin ayuda de aplicaciones. Aprendió, sobre todo, que don Ramón no tenía un método, o que su método consistía en hacer las cosas despacio hasta que las manos las supieran solas. Y aprendió que el viejo, a pesar de sus tocaba por las tardes, cuando creía que nadie lo escuchaba, y guaranias con una que todo lo demás.

Fue don Ramón quien sacó el tema, una tarde de lluvia, cuando ya había terminado la jornada. Le preguntó si seguía queriendo hacer aquella arpa «con enchufe». Rodrigo, que había aprendido a no apresurarse, dijo que sí, pero que ahora entendía que la caja de resonancia no era un adorno, sino el alma del instrumento, y que no sabía cómo conservarla si el sonido salía por un cable. Don Ramón se quedó callado un buen rato. Luego le dijo que esa era la primera cosa inteligente que le había oído decir.

Tardaron dos años en construirla. Fue un proceso lleno de fracasos, discusiones y prototipos que acababan, con frecuencia, en la estufa del taller. El resultado no era exactamente un arpa eléctrica ni exactamente una tradicional: conservaba una caja de tallada a mano, más estrecha que la habitual, y llevaba debajo de cada cuerda un pequeño sensor que permitía sin perder del todo su timbre. Don Ramón insistió en que llevara grabado, en la columna, el nombre de su propio maestro.

Rodrigo la estrenó en un festival en Asunción, ante unos miles de jóvenes que nunca habían prestado atención al arpa de sus abuelos. Don Ramón no fue; dijo que no tenía edad para esos ruidos. Pero al día siguiente, en el taller, Rodrigo encontró sobre el banco de trabajo un cuaderno con tapas de cuero que nunca había visto. Dentro, con una letra torpe y apretada, estaba dibujado el patrón de la caja de resonancia que don Ramón llevaba cincuenta años guardando en la cabeza.

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1. How does don Ramón compare the Paraguayan harp to Guaraní?

2. How did Rodrigo's apprenticeship begin?

3. What did Rodrigo come to understand about the soundbox?

4. What did don Ramón leave for Rodrigo after the festival?