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Professional & Academic · Short story

El colmado

In a Santo Domingo neighbourhood, a rumour that the corner-shop owner has won the lottery tests everyone's version of the truth.

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Words to know (10)
  • abrir · to open
  • el ajedrecista · chess player
  • desmentir · to deny
  • la distribuidora · distributor
  • fiar · to give credit
  • implacable · relentless
  • el salami · salami
  • la telenovela · soap opera
  • el tendero · shopkeeper
  • la trastienda · back room

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En los barrios de Santo Domingo, el colmado es mucho más que una tienda. Es el lugar donde se compra el arroz, el aceite y la cerveza bien fría, pero también donde se juega al dominó, se arreglan los problemas de la junta de vecinos, se hasta fin de mes y se fabrican, con la eficacia de una imprenta, los rumores que luego recorren el barrio de punta a punta. El colmado de don Fello, en una esquina de Villa Consuelo, llevaba treinta años cumpliendo todas esas funciones, y algunas más que no constaban en ninguna licencia.

El rumor nació un lunes por la mañana, nadie supo nunca exactamente cómo. Según una versión, el billetero que vendía lotería en la esquina había visto a don Fello revisar un número con las manos temblorosas. Según otra, su hija, que vivía en Nueva York, había llamado más de lo habitual. Según una tercera, que la vecina del segundo juraba haber oído con sus propios oídos, el propio don Fello había dicho, mientras cortaba que «ya no tendría que aguantar a nadie». Lo cierto es que al mediodía todo el barrio sabía que don Fello se había sacado el primer premio de la Lotería Nacional.

Lo interesante, como observó más tarde Yokasta, la maestra de la escuela pública de la esquina, que tenía la costumbre de mirar el barrio con ojos de socióloga, fue lo que el rumor hizo con cada uno. Los que le debían dinero al colmado, que eran muchos, empezaron a pagar sus cuentas con una puntualidad sospechosa, como si temieran que un millonario fuera más que un Los que tenían algún negocio pendiente con él, como el mecánico que quería alquilarle el local de al lado, subieron sus pretensiones. Y los jugadores de dominó, que llevaban veinte años perdiendo con él todas las tardes, descubrieron de golpe que siempre habían sospechado que hacía trampa.

Don Fello, por su parte, no confirmaba ni nada. Seguía a las siete, despachando con la misma calma, poniendo bachata en una radio vieja y jugando al dominó por la tarde con la seriedad de un Cuando alguien le preguntaba directamente, se encogía de hombros y decía: «Uno nunca sabe lo que trae la vida». La frase, que habría podido significar cualquier cosa, fue interpretada por el barrio entero como una confirmación rotunda.

Al cabo de dos semanas, el rumor había adquirido vida propia. Se decía que había comprado una casa en Punta Cana, que iba a vender el colmado a una cadena de supermercados, que se iba a vivir con su hija a Washington Heights. Una tarde aparecieron dos hombres de traje que nadie conocía, preguntaron por él y estuvieron hablando media hora en la El barrio concluyó que eran del banco. Yokasta, más prudente, señaló que también podían ser inspectores de Salud Pública, cosa que nadie quiso considerar.

Fue ella quien, una tarde de mucho calor, se atrevió a preguntarle directamente, mientras él le cobraba unos plátanos y un litro de leche, si era verdad lo de la lotería. Don Fello la miró con una expresión divertida y le contestó con otra pregunta: ¿qué cambiaría si lo fuera? Yokasta se quedó pensando. Luego le dijo que, por lo que había visto, cambiaría sobre todo la manera en que los demás lo trataban, y que eso, para bien o para mal, ya había ocurrido.

Don Fello se rio con ganas, le regaló los plátanos y le confesó, bajando la voz, la verdad: no había ganado nada. Se había sacado un premio pequeño, de esos que apenas devuelven lo jugado, y había dicho lo de «no aguantar a nadie» porque acababa de enterarse de que, después de treinta años, por fin le habían aprobado la pensión. Los hombres de traje eran de una de cerveza que quería renovarle la nevera. Pero había decidido no desmentir el rumor, porque le parecía un experimento sociológico muchísimo más interesante que cualquier

Yokasta le guardó el secreto durante meses, hasta que el propio don Fello, cansado del juego, lo contó en voz alta una tarde de dominó. Hubo indignación, risas, alguna amistad que tardó en recuperarse y una deuda que volvió, como por arte de magia, a quedarse sin pagar. Yokasta usa la historia desde entonces en sus clases para explicar a los alumnos la diferencia entre un hecho y un rumor. Los chicos casi nunca la entienden a la primera. Los padres, cuando se la cuentan en casa, la entienden enseguida.

Comprehension check

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1. What role does the colmado play in the neighbourhood?

2. How did people react to the rumour?

3. What was the real reason for don Fello's comment?

4. Why didn't don Fello deny the rumour?