Professional & Academic · Short story
La sobremesa
A Christmas lunch in Madrid drifts, course by course, from small talk to the argument everyone had promised to avoid.
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Words to know (14)
- el besugo · sea bream
- apolítico · apolitical
- asistir · to witness
- deshacer · to dissolve, undo
- la especulación · speculation
- fluir · to flow
- inofensivo · harmless
- el labio · lip
- la ligereza · lightness
- el mantel · tablecloth
- la merluza · hake
- el pensador · thinker
- la torpeza · awkwardness
- la vajilla · dinner service
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Habían quedado, como todos los años, en que no se hablaría de política. Lo había exigido la abuela Pilar por teléfono, una por una, a sus tres hijas, y las tres lo habían prometido con la solemnidad de quien sabe perfectamente que va a incumplir lo prometido. A las dos y media, cuando se sentaron a la mesa del piso de Chamberí, con el bueno, la de la boda y un al horno que la abuela se había empeñado en preparar ella sola, la tregua parecía, sin embargo, razonablemente sólida.
Durante el aperitivo se habló del tiempo, de lo cara que estaba la y de una vecina del cuarto que se había vuelto a casar, a los setenta y cuatro años, con un viudo de Albacete. Durante el primer plato, de los nietos: de los estudios de Lucas, que había empezado Filosofía para disgusto de su padre; del viaje de Irene a Berlín; de la novia de Marcos, a la que nadie conocía todavía y que, por lo tanto, era objeto de crecientes. La conversación con esa familiar que consiste, en buena medida, en saber qué no decir.
La grieta apareció con el Fue Lucas, como era de prever, quien la abrió sin querer, al comentar que en la facultad estaban leyendo a un que sostenía que la familia era una institución política. Su tío Fernando, que trabajaba en un banco y tenía opiniones firmes sobre casi todo, preguntó con una sonrisa si en Filosofía enseñaban también a pagar el alquiler. Lucas, que no había pagado un alquiler en su vida, contestó que no, pero que al menos enseñaban a preguntarse por qué era tan caro.
A partir de ahí, la sobremesa siguió el curso que todos habían temido y, en el fondo, esperado. Se habló de la vivienda, de los fondos de inversión, de los pisos turísticos, de si los jóvenes de ahora trabajaban menos o simplemente cobraban menos. Se habló de impuestos, con cifras que nadie había comprobado. Se habló, inevitablemente, del Gobierno, y cada cual, al mencionarlo, eligió con cuidado el adjetivo que mejor delataba su voto. La tía Marisa, que siempre se declaraba resultó tener las opiniones más vehementes de toda la mesa.
La abuela Pilar al espectáculo en silencio, partiendo el turrón con un cuchillo demasiado grande. Había vivido la posguerra, la Transición, la llegada de la democracia, el golpe de Estado, varias crisis económicas y cinco o seis gobiernos de los que pensaba más o menos lo mismo. Escuchaba a sus hijas y a sus nietos discutir con un apasionamiento que le parecía conmovedor y un poco cómico, como cuando de pequeños se peleaban por el último trozo de tarta.
Fue Irene, la nieta que menos había hablado, quien se dio cuenta de que la abuela no había dicho nada en toda la tarde, y le preguntó, con cierta qué opinaba ella de todo aquello. Se hizo un silencio. Los demás se volvieron hacia la cabecera de la mesa con la expresión de quien espera un veredicto. La abuela Pilar dejó el cuchillo, se limpió los con la servilleta y tardó tanto en contestar que Fernando estuvo a punto de repetir la pregunta.
«Yo opino», dijo por fin, «que en mil novecientos cuarenta y tantos, en esta misma casa, mi padre y mi tío no se hablaron durante once años por algo que se dijo en una comida como esta. Cuando volvieron a hablarse, ninguno de los dos se acordaba de qué había sido. Opino que tenéis todos un poco de razón y que eso es lo más irritante de todo. Y opino que el se ha quedado frío por vuestra culpa». Hubo una carcajada general que la tensión mejor que cualquier argumento.
La conversación derivó después hacia temas más y a las siete, cuando empezaron las despedidas, Lucas y su tío Fernando se dieron un abrazo que habría sido incómodo si no hubiera sido tan sincero. En el ascensor, Irene le comentó a su madre que la abuela había hecho trampa: no había contestado a la pregunta. Su madre se rio y le dijo que precisamente eso era lo que llevaba ochenta y siete años haciendo, y que por eso todavía se hablaba con todo el mundo.
Comprehension check
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1. What had grandmother Pilar demanded before the lunch?
2. Who unintentionally started the argument?
3. What did the grandmother's story about her father and uncle illustrate?
4. According to Irene's mother, why does the grandmother still get along with everyone?
Grammar in this story
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