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Professional & Academic · Short story

La casa de té

In Patagonia, a lexicographer interviews the elderly owner of a Welsh teahouse about the Spanish of her childhood and discovers a word that isn't in any dictionary.

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Words to know (19)
  • la capilla · chapel
  • galés · Welsh
  • la grabadora · recorder
  • hiraethar · to long, linger (family word)
  • el antepasado · ancestor
  • la chacra · small farm
  • el criollo · Argentine-born local
  • la definición · definition
  • el descendiente · descendant
  • describir · to describe
  • la estepa · steppe
  • la extravagancia · oddity
  • hirsuto · bristly
  • el idiolecto · idiolect (one person's speech)
  • la lexicógrafa · lexicographer
  • oscurecer · to get dark
  • prodigioso · prodigious
  • la terminación · ending
  • la torta negra · Welsh black cake

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En el valle inferior del río Chubut, en plena Patagonia argentina, los de los colonos que llegaron en 1865 todavía sirven té con negra en casas de té decoradas con manteles de encaje, fotografías de y retratos de de barba Turistas de Buenos Aires y de medio mundo recorren el pueblo de Gaiman atraídos por esa histórica: un rincón de Gales al pie de la donde algunas abuelas siguen rezando en y las calles llevan nombres que nadie sabe pronunciar.

Mercedes Aguirre no había ido por el té. Era trabajaba para un proyecto académico que documentaba las variedades del español en contacto con otras lenguas, y había viajado desde Córdoba para entrevistar a hablantes mayores de la colonia Su contacto era doña Gwen Roberts, de noventa y un años, propietaria de una de las casas de té más antiguas del valle, a la que todos como lúcida, tozuda y con una memoria

La entrevista empezó mal. Doña Gwen la recibió con una cortesía impecable y una desconfianza también impecable hacia la Le explicó que en su juventud habían venido otros investigadores, de Gales y de Buenos Aires, que grababan, preguntaban, se iban y nunca volvían a mandar ni una carta. «A ustedes les interesa cómo hablamos», le dijo, «pero no lo que decimos». Mercedes, que había oído esa queja otras veces, no intentó defenderse. Apagó la y pidió un té.

Hablaron toda la tarde. De la infancia de doña Gwen en una junto al río, de los inviernos en que el viento no paraba durante semanas, de la escuela donde la maestra las castigaba si hablaban en el recreo y de la donde el pastor las castigaba si no lo hablaban. De su marido, un de Trelew que nunca aprendió una palabra de y que, según ella, era el hombre más inteligente que había conocido. Mercedes escuchaba y, de vez en cuando, anotaba algo en un cuaderno, con una discreción que doña Gwen observó sin comentar.

Fue al final, cuando ya cuando apareció la palabra. Doña Gwen estaba contando cómo su madre preparaba el pan los domingos y dijo que lo dejaba junto a la estufa. Mercedes le pidió que lo repitiera. La anciana se rio. Le explicó que era una palabra de su casa, mezcla del verbo que expresa la nostalgia por algo que no vuelve y la de los verbos españoles. En su familia se usaba para el pan que reposa, para la ropa tendida en un día sin sol y para las personas que se sientan a mirar el camino por donde se fue alguien.

Mercedes buscó la palabra esa noche en todos los diccionarios y corpus a los que tenía acceso. No estaba en ninguno. Tampoco la conocían los otros vecinos a los que preguntó al día siguiente, ni siquiera los nietos de doña Gwen. Era, con toda probabilidad, una palabra de una sola familia, nacida en una cocina de Gaiman a principios del siglo XX y condenada a desaparecer con su última hablante. Mercedes se preguntó qué hacer con ella. Su proyecto documentaba variedades, no Incluirla sería, desde el punto de vista metodológico, discutible.

Volvió a la casa de té antes de marcharse. Le contó a doña Gwen lo que había averiguado y le preguntó si le permitía registrarla, con su nombre y su La anciana la miró un buen rato con sus ojos claros y le hizo una pregunta que Mercedes no supo contestar: si una palabra que solo usa una persona sigue siendo una palabra. Después, sin esperar respuesta, le dijo que sí, que la registrara, pero con una condición: que le mandara una copia de lo que escribiera. «Por correo», precisó. «Con sello».

Mercedes cumplió. El artículo salió un año después en una revista académica, con una nota a pie de página dedicada a la palabra y a la mujer que la conservaba. Lo mandó por correo, con sello, a la casa de té de Gaiman. Tardó semanas en recibir respuesta. Cuando llegó, era una tarjeta con una fotografía del valle y una sola línea, escrita con letra firme: «Aquí estamos, Doña Gwen murió ese invierno. La tarjeta está ahora en el despacho de Mercedes, apoyada contra un diccionario en el que la palabra, de momento, sigue sin figurar.

Comprehension check

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1. Why was doña Gwen suspicious of the recorder?

2. What did Mercedes do in response?

3. What is unusual about the word 'hiraethar'?

4. What condition did doña Gwen set?