Professional & Academic · Short story
El desierto florido
An astronomer at an observatory in Chile's Atacama Desert takes her father, a retired copper miner, to see the desert in rare bloom.
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Words to know (25)
- la camioneta · pickup truck
- la galaxia · galaxy
- el telescopio · telescope
- agacharse · to crouch
- árido · arid
- asentir · to nod
- asociado · associated
- el astrónomo · astronomer
- austral · southern
- convertir · to turn into
- la delicadeza · gentleness
- deshacerse · to fall apart
- disimular · to hide, conceal
- el eón · aeon
- fucsia · fuchsia
- el guanaco · guanaco
- el hemisferio · hemisphere
- insolente · brazen
- el lugareño · local
- el milímetro · millimetre
- el observatorio · observatory
- el ocular · eyepiece
- oscurecer · to get dark
- pardo · brownish
- el parpadeo · blink
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Desde la cumbre del cerro donde trabajaba Javiera Contreras, a casi tres mil metros sobre el nivel del mar, el desierto de Atacama parecía otro planeta, y en cierto sentido lo era: el más seco del mundo, con lugares donde no ha llovido en siglos y un cielo tan transparente que los de medio mundo hacían cola para observar desde allí. Javiera llevaba ocho años en el estudiando la formación de lejanas, y se había acostumbrado a pensar en escalas de tiempo que una vida humana en algo menos que un
Su padre, Hernán, había pasado treinta años bajo tierra, o casi, en la mina de Chuquicamata, el yacimiento de cobre a cielo abierto más grande del planeta. Se había jubilado con los pulmones dañados por el polvo, una pensión modesta y una desconfianza instintiva hacia todo lo que no pudiera tocarse con las manos. Nunca había entendido del todo a qué se dedicaba su hija. Cuando ella intentaba explicárselo, él con una cortesía que a Javiera le dolía más que cualquier objeción.
Aquel invierno llovió en el desierto. No mucho, para cualquier otro lugar del mundo: unos cuantos en dos o tres días. Pero en Atacama bastó para despertar las semillas que llevaban años, a veces décadas, esperando bajo la arena. A principios de septiembre, las noticias empezaron a hablar del desierto florido, un fenómeno que ocurre de forma irregular, a los años de El Niño, y que cubre durante unas semanas kilómetros de tierra con flores moradas, amarillas y blancas.
Javiera tuvo la idea de llevar a su padre una tarde en que hablaban por teléfono y él mencionó, como de pasada, que nunca lo había visto. Había vivido sesenta y ocho años en el norte y nunca lo había visto, porque las veces que ocurrió estaba trabajando o no tenía cómo ir. Ella pidió tres días libres, alquiló una y fue a buscarlo a Calama. Hernán se resistió un poco, por orgullo, y luego preparó la maleta con una ilusión que intentó sin ningún éxito.
Llegaron a los llanos al sur de Copiapó al atardecer. El paisaje, que Javiera había visto mil veces en fotografías, la dejó sin palabras: hasta donde alcanzaba la vista, el suelo del desierto estaba alfombrado de flores que los llaman patas de de un casi Hernán se bajó de la despacio, caminó unos pasos y se a tocar una de las flores, con la de quien teme que la cosa se entre los dedos.
Esa noche acamparon allí. Javiera había traído un pequeño y, cuando del todo, lo montó junto a la Le mostró a su padre la Gran Nube de Magallanes, una vecina visible a simple vista desde el sur, y le explicó que la luz que estaban viendo había salido de allí hacía unos ciento sesenta mil años. Hernán miró por el un buen rato. Luego dijo algo que ella no esperaba: que eso era como las semillas, que esperaban bajo tierra tanto tiempo que uno se olvidaba de que estaban ahí.
Javiera se quedó en silencio. Pensó que su padre acababa de entender su trabajo mejor que muchos de sus colegas, y que lo había hecho con una imagen que ella, con todos sus doctorados, no habría encontrado nunca. Pensó también en los años en que no habían sabido hablarse, cada uno encerrado en su propia escala: él en la del cobre, que se mide en toneladas; ella en la de las que se mide en Y pensó que quizá no era tan distinta una cosa de la otra: las dos consistían en buscar, en la oscuridad, algo que estaba enterrado o muy lejos.
Volvieron a Calama al día siguiente, casi sin hablar, con la cómoda complicidad de quien ya no necesita hacerlo. Semanas después, el desierto volvió a ser desierto y las flores desaparecieron, dejando sus semillas para la próxima lluvia, que nadie sabe cuándo llegará. Hernán colgó en el comedor una foto de la noche del Cuando alguien le pregunta qué es, dice que es su hija trabajando, y explica, con unas palabras que Javiera jamás se atrevería a corregir, a qué se dedica.
Comprehension check
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1. What is unusual about the 'desierto florido'?
2. Why had Hernán never seen it?
3. What comparison did Hernán make?
4. What changed between Javiera and her father?
Grammar in this story
- The Imperfect Subjunctive in Spanish · Advanced guide
- Ser vs. Estar: When to Use Each · Beginner guide
- The Spanish Future Tense (and Ir a + Infinitive) · Intermediate guide