Professional & Academic · Short story
La convalidación
A Venezuelan cardiologist working as a waiter in Bogotá spends three years trying to get his medical degree recognised, until one night a customer collapses.
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Words to know (26)
- la convalidación · recognition (of a qualification)
- bogotano · from Bogotá
- coronario · coronary
- el desfibrilador · defibrillator
- engorroso · cumbersome
- arrodillarse · to kneel
- la compresión · compression
- confundir · to confuse
- el cordero · lamb
- desmoronarse · to crumble
- la electrofisiología · electrophysiology
- factible · feasible
- el forcejeo · tussle
- la homologación · official recognition
- el magistrado · judge
- el malbec · Malbec (wine)
- la manicura · manicure
- el merlot · Merlot (wine)
- palidecer · to turn pale
- la parálisis · paralysis
- el paramédico · paramedic
- el parche · pad, patch
- el peldaño · step, rung
- reunir · to gather
- sobrevivir · to survive
- venezolano · Venezuelan
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En el restaurante de la Zona G donde trabajaba Andrés Pacheco, nadie sabía que el mesero que les recomendaba el vino había sido, hasta hacía cuatro años, jefe de la unidad de un hospital de Maracaibo. No era un secreto, exactamente; era una de esas informaciones que uno deja de mencionar cuando descubre que provocan más incomodidad que interés. Los clientes querían saber si el llevaba ajo, no si el que se lo servía había hecho un doctorado en
Había salido de Venezuela en 2019, con su mujer, sus dos hijos y una maleta de documentos apostillados que le había costado meses y bastante dinero Le habían dicho, y él lo había creído, que en Colombia la de títulos médicos era un trámite pero Lo que no le dijeron es que en aquel contexto, podía significar tres años de requerimientos, exámenes, cartas de universidades que ya no contestaban el teléfono y expedientes que se perdían cada vez que cambiaba un funcionario.
Mientras tanto, había que comer. Primero trabajó en una bodega descargando cajas, después repartiendo pedidos en bicicleta y, finalmente, en el restaurante, donde el dueño, un de modales impecables y escasa paciencia, valoraba que fuera puntual, educado y capaz de recordar sin apuntarlos los pedidos de una mesa de doce. Andrés aprendió a decir «con mucho gusto» en el tono exacto que esperan los clientes rolos, a no corregir a los que un con un y a tragarse, varias veces por semana, el impulso de contestar a algún comentario sobre «los
Lo que más le costaba no era el trabajo, sino la sensación de estar perdiendo algo que no volvería. La medicina, sobre todo la cardiología, cambia deprisa, y cada mes que pasaba sin ejercer le parecía un que se a sus espaldas. Por las noches, cuando los niños dormían, leía revistas científicas en el teléfono, repasaba protocolos, estudiaba para los exámenes de Su mujer, que había sido abogada y ahora hacía a domicilio, le decía que se iba a quemar. Él contestaba que ya estaba quemado y que, por lo tanto, no tenía nada que perder.
Ocurrió un viernes de diciembre, con el restaurante lleno. En una mesa del fondo, un hombre de unos sesenta años se llevó la mano al pecho, y cayó de lado sobre el plato. Hubo un segundo de general, ese segundo en que todo el mundo espera que otro haga algo. Andrés dejó la bandeja en la mesa más cercana, se junto al hombre, comprobó que no respiraba y empezó las torácicas mientras pedía, con una voz que nadie en el restaurante le había oído nunca, que llamaran al 123 y que alguien trajera el que había en la farmacia de la esquina.
Lo mantuvo con vida durante once minutos, hasta que llegó la ambulancia. Los al ver cómo había colocado los del y oírle resumir la situación en una jerga que solo podía ser de médico, le preguntaron, sin rodeos, quién era. Andrés tardó un instante en contestar. Hacía cuatro años que nadie le hacía esa pregunta. Les dijo su nombre, su especialidad y, por costumbre, el nombre de su antiguo hospital.
El hombre Resultó ser de una alta corte, lo cual, como Andrés supo más tarde, no tuvo nada que ver con lo que sucedió después, o eso le aseguraron todos. Lo cierto es que, a las pocas semanas, su expediente de que llevaba dieciocho meses detenido en una oficina del ministerio por la ausencia de un sello, apareció resuelto. Andrés no supo si alegrarse o indignarse. Decidió que podía hacer las dos cosas.
Hoy trabaja en un hospital de Bogotá, en la unidad como médico general mientras termina la de su especialidad. Algunos sábados vuelve al restaurante a cenar con su mujer. El dueño no le deja pagar. Andrés insiste cada vez y cada vez pierde, y ha acabado por entender que ese pequeño es la manera de decir algo que ninguno de los dos sabría formular sin que sonara a discurso.
Comprehension check
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1. Why didn't Andrés mention he was a doctor at the restaurant?
2. What frustrated him most during those years?
3. What happened after he saved the customer?
4. What does the owner's refusal to let him pay express?
Grammar in this story
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