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Professional & Academic · Short story

El pregón

An agnostic Sevillian novelist is invited to give the traditional Holy Week address and has to decide what she can honestly say.

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Words to know (23)
  • el pregón · proclamation, Holy Week address
  • el cofrade · brotherhood member
  • agnóstico · agnostic
  • la antropóloga · anthropologist
  • el azahar · orange blossom
  • barroco · Baroque
  • el cirio · large candle
  • derretir · to melt
  • describir · to describe
  • desenterrar · to dig up
  • el disimulo · concealment
  • eterno · eternal
  • inquietantemente · disturbingly
  • la lágrima · tear
  • laico · secular
  • el lirismo · lyricism
  • la multitud · crowd
  • la nazarena · penitent in a Holy Week procession
  • oscilar · to swing, fluctuate
  • la retransmisión · broadcast
  • sentimental · sentimental
  • tropezar · to stumble
  • el truco · trick

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La llamada del Consejo de Hermandades llegó en junio, cuando en Sevilla ya hacía un calor que las convicciones, y Macarena Ruiz de Lara, novelista de cierto prestigio y declarada desde los diecisiete años, creyó al principio que se trataba de una broma. Le ofrecían dar el de la Semana Santa del año siguiente, ese discurso solemne que se pronuncia el domingo anterior al Domingo de Ramos en el Teatro de la Maestranza, ante las autoridades, los y media ciudad pendiente de la

Lo primero que pensó fue que no. Lo segundo, que su madre, que había salido de en la Macarena durante cuarenta años y había muerto hacía tres, no le habría perdonado la negativa. Lo tercero, ya de madrugada, fue una pregunta que la tuvo desvelada hasta que amaneció: ¿qué podía decir sobre la Semana Santa alguien que no creía en lo que la Semana Santa celebra, sin traicionar ni a los que creían ni a sí misma?

Aceptó, y durante meses se arrepintió a diario. Leyó antiguos, desde los cargados de metáforas sobre y hasta los más recientes, que entre el y el inventario de cofradías. Descubrió que el género tenía reglas tan rígidas como un soneto y que la ciudad, que perdonaba casi todo, no perdonaba ni la frialdad ni la ironía. Descubrió también, con cierta alarma, que la mayoría de aquellos textos la emocionaban a pesar suyo.

La prensa local se enteró enseguida y el nombramiento desató una pequeña polémica. Un columnista la acusó de oportunismo; una asociación de colaboracionismo con la Iglesia. En las redes, alguien una entrevista de hacía quince años en la que ella decía que la Semana Santa era «un espectáculo de una belleza que no necesita a Dios para justificarse». La frase circuló como prueba de cargo por ambos bandos, lo que a Macarena le pareció, en el fondo, el mejor elogio que había recibido nunca.

Escribió siete versiones. En la primera intentó una defensa razonada de la belleza como valor en sí mismo y le salió un ensayo, no un En la tercera se refugió en los recuerdos de infancia, y le pareció un En la quinta trató de hablar de la fe desde fuera, como una y comprendió que nadie quiere ser como objeto de estudio en su propia ciudad. Fue la séptima, escrita de un tirón la noche de Reyes, la que decidió leer.

En ella no hablaba de Dios, ni para afirmarlo ni para negarlo. Hablaba de su madre. De las madrugadas en que la acompañaba de niña a ver salir el paso desde una esquina de la calle Parras, de los pies hinchados que le curaba al volver a casa, del silencio que se hacía en el barrio cuando la Virgen pasaba bajo los balcones y de cómo, en ese silencio, gente que no se hablaba en todo el año se tocaba el hombro para dejar sitio. Hablaba de lo que una ciudad decide recordar a la vez, una noche al año, y de lo poco que eso tiene que ver con lo que cada uno cree.

El día del el teatro estaba lleno y había quien había ido, según le contaron después, a verla Leyó durante cuarenta minutos sin levantar apenas la vista del papel. Cuando terminó, hubo un silencio que le pareció y que luego le explicaron que era, precisamente, el mejor silencio posible: el que en Sevilla precede a la ovación. Un anciano en primera fila, lloraba sin El columnista que la había acusado de oportunismo escribió al día siguiente que el había sido «impecable, aunque ateo».

La madrugada del Viernes Santo, Macarena volvió a la esquina de la calle Parras, sola, entre la Cuando pasó la Virgen, alguien a su lado le tocó el hombro para dejarle sitio. Ella se apartó, agradecida, y pensó que no creía en casi nada de lo que estaba viendo, salvo en aquel gesto. Y que tal vez, para una noche, con eso bastaba.

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1. What was Macarena's main dilemma?

2. Why did her old quote please her in the end?

3. What was the seventh, final version about?

4. What gesture does she say she believes in?