Professional & Academic · Short story
La cocina comunitaria
After a hurricane in Puerto Rico, a retired schoolteacher runs a community kitchen while the official aid takes weeks to arrive.
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Words to know (16)
- la marquesina · carport, porch roof
- la olla · pot
- contemplar · to gaze at
- correcto · correct
- cursi · corny, twee
- la diáspora · diaspora
- encargarse · to take charge
- federal · federal
- el fogón · stove
- la habichuela · bean (Puerto Rico)
- la identificación · identification
- el papeleo · paperwork
- precocinado · pre-cooked
- pudrirse · to rot
- puertorriqueño · Puerto Rican
- la yautía · yautía (tropical root)
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El huracán pasó por Utuado un miércoles de septiembre, y el jueves por la mañana Carmen Iris Rosario, maestra de español jubilada, salió de su casa, la carretera tapada de árboles, los postes del tendido eléctrico doblados como palillos y el puente del barrio partido por la mitad, y pensó con una lucidez que más tarde le parecería impropia de las circunstancias que aquello iba para largo. Volvió a entrar, sacó todas las que tenía y llamó a gritos a la vecina.
Al mediodía ya había un de gas instalado en la de su casa y una fila de gente con platos. No había luz, no había agua corriente, no había señal de teléfono y nadie sabía cuándo volvería a haberla. Lo que había eran neveras llenas de comida que se iba a dañar en un par de días, y Carmen Iris, que había pasado treinta y dos años organizando a adolescentes, decidió que lo más sensato era cocinarla toda y repartirla antes de que se perdiera.
La cocina comunitaria de la calle Betances funcionó durante casi noventa días. Al principio con lo que traían los vecinos; después con lo que llegaba de iglesias, de la en Nueva York y en Orlando, de un agricultor de la zona que regaló sus plátanos antes de que se en la mata. Se servían, según las cuentas que Carmen Iris llevaba en un cuaderno escolar, entre trescientos y quinientos platos diarios. Arroz con casi siempre, y los domingos, cuando se podía, algo especial.
La ayuda oficial tardó diecinueve días en llegar al barrio. Cuando por fin subió un camión de una agencia traía cajas de comida agua embotellada y una funcionaria de Virginia que hablaba un español aprendido en la universidad, y ligeramente desconcertado. La funcionaria pidió hablar con «la persona a cargo» y los vecinos, sin dudarlo, señalaron a Carmen Iris, que en ese momento estaba pelando con un cuchillo de cocina y el pelo recogido con un lápiz.
Lo que siguió fue una conversación que el barrio entero recordaría durante años. La funcionaria, muy amable, le explicó que para recibir suministros de manera regular, la cocina tendría que registrarse como organización, presentar un número de fiscal, designar un responsable legal y cumplir con ciertas normas sanitarias. Carmen Iris escuchó con atención, sin dejar de pelar. Luego le preguntó si quería un plato. La funcionaria, que llevaba desde las cinco de la mañana sin comer, aceptó.
Comieron juntas en la sentadas en unas sillas de plástico. Hablaron de la universidad donde la funcionaria había aprendido español, de los libros que Carmen Iris enseñaba en clase, de la abuela que la funcionaria tenía en Filadelfia y a la que no veía desde hacía años. Al terminar, la funcionaria sacó un formulario, lo rellenó ella misma con los datos que Carmen Iris le iba dictando y le dijo que se personalmente de que el no detuviera nada.
No todo fue tan amable. Hubo semanas en que no llegó nada, discusiones entre vecinos por el reparto del agua, un generador robado y una tarde de octubre en que Carmen Iris, agotada, se encerró en el baño a llorar durante diez minutos y salió como si nada a servir la cena. Hubo también ancianos que no habrían sobrevivido sin aquella comida caliente, y niños que, años después, contarían que el mejor arroz de su vida lo comieron en la calle Betances, a la luz de una linterna.
La electricidad volvió al barrio a mediados de diciembre. Esa noche, cuando las bombillas se encendieron todas a la vez, la gente salió a la calle a aplaudir. Carmen Iris recogió las las fregó y las guardó en el mismo armario de donde las había sacado tres meses antes. Al día siguiente, alguien colgó en la un cartel pintado a mano: «Aquí se cocinó la patria». A ella le pareció exagerado y un poco Lo dejó puesto de todos modos.
Comprehension check
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1. Why did Carmen Iris start cooking after the hurricane?
2. How long did it take for official aid to arrive?
3. How did Carmen Iris respond to the official's bureaucratic requirements?
4. What was her reaction to the sign 'Aquí se cocinó la patria'?
Grammar in this story
- The Spanish Subjunctive: When to Use It · Intermediate guide