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Professional & Academic · Short story

La cumbre

A Bolivian mountain guide on Huayna Potosí must decide whether to turn back an influential client a few hundred metres from the summit.

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Words to know (22)
  • el glaciar · glacier
  • el oxígeno · oxygen
  • aclimatarse · to acclimatise
  • la aclimatación · acclimatisation
  • aguantar · to hold out
  • el altiplano · high plateau
  • la arista · ridge
  • arrastrar (las palabras) · to slur (one's words)
  • asignar · to assign
  • cerebral · cerebral
  • complacer · to please
  • el crampón · crampon
  • crujir · to crunch, creak
  • dirigir (la palabra) · to address, speak to
  • el edema · oedema
  • encordado · roped together
  • enfocar · to focus
  • el gabinete · cabinet (government)
  • la ingeniería · engineering
  • reverberar · to shimmer
  • la saturación · saturation
  • el seismil · 6,000-metre peak

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A las dos de la madrugada, en el refugio a cinco mil cien metros, Wilber Mamani despertó a sus dos clientes con una taza de mate de coca y la noticia de que el tiempo hasta mediodía. Llevaba diecinueve años subiendo al Huayna Potosí, el más accesible de la Cordillera Real y, precisamente por eso, uno de los más engañosos. Desde El Alto se ve tan cerca que la gente se olvida de que la montaña no tiene ninguna obligación de dejarse subir.

Los clientes eran un empresario chileno de cincuenta y pocos años, Rodrigo, y su hijo, Matías, que acababa de cumplir veinte. El padre había contratado la expedición con una agencia de La Paz que lo trataba con una deferencia exagerada; según le habían dado a entender a Wilber, era socio de una empresa minera con intereses en Oruro y conocía a medio Había llegado con un equipo carísimo, un reloj que medía hasta la de y una prisa que a Wilber no le gustó desde el primer día.

La que debería haber durado cuatro jornadas, se había reducido a dos por exigencia del cliente. Wilber lo había advertido por escrito, como hacía siempre, y la agencia le había respondido que el señor asumía los riesgos. Matías, en cambio, parecía más preocupado por a su padre que por la montaña: comía poco, hablaba menos y se quedaba mirando el con una expresión que Wilber había visto otras veces en gente que no quiere estar donde está.

Salieron a las tres, con frontales, El bajo los con ese ruido seco del hielo muy frío. Durante las primeras horas, todo fue según lo previsto. Rodrigo marcaba un ritmo excesivo, y Wilber, delante, lo frenaba sin decir nada, simplemente caminando más despacio. Al amanecer, con el lago Titicaca a lo lejos y las sombras de los picos estiradas sobre el llegaron al pie de la última pala, una pendiente de hielo de unos doscientos metros que conduce a la final.

Fue entonces cuando Matías se sentó en la nieve y no quiso levantarse. Decía que estaba bien, que solo necesitaba un minuto, pero las palabras y le costaba la mirada. Wilber le hizo unas preguntas sencillas, le pidió que caminara en línea recta unos pasos y tomó la decisión en menos tiempo del que tardó en explicarla: bajaban. Los tres. Ya.

Rodrigo se negó. Estaban a una hora de la cumbre, alegó; el chico podía esperar con el guía mientras él subía solo; había pagado por llegar arriba y pensaba llegar. Wilber le explicó, con una calma que le costó un esfuerzo considerable, que no iba a dejar a nadie solo en el que el muchacho mostraba síntomas de y que cada metro que bajaran le daba más posibilidades de despertar mañana sin secuelas. Rodrigo le recordó a quién conocía. Wilber le recordó, sin alzar la voz, que la montaña no conocía a nadie.

Bajaron. En el refugio, con y tras un par de horas de descenso, Matías empezó a recuperarse. Esa noche, ya en La Paz, el padre no le la palabra al guía. Al día siguiente, la agencia llamó a Wilber para decirle que el cliente había presentado una queja formal y que, por el momento, preferían no más expediciones. Wilber no discutió. Llevaba diecinueve años en la montaña y había aprendido que hay decisiones que se pagan, y que eso no las hace menos correctas.

Tres semanas después recibió un mensaje de un número chileno. Era Matías. Le contaba que estaba bien, que había dejado la carrera de que estudiaba por su padre y que algún día le gustaría volver a Bolivia, «a subir despacio, como usted decía». Wilber leyó el mensaje dos veces, sentado en una banca de la plaza de El Alto, con el Huayna Potosí brillando al fondo. No le contestó enseguida. Hay respuestas que también necesitan

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1. Why was Wilber uneasy about the expedition from the start?

2. What happened to Matías near the summit?

3. What were the consequences for Wilber?

4. What does the last sentence suggest?