Short story
El silencio del director
A celebrated orchestra conductor secretly losing his hearing must decide whether to hide his condition or reveal it before his final season.
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Words to know (39)
- el pasaje · passage
- el arco · bow
- consistir en · to consist of
- orquestal · orchestral
- absorber · to absorb
- la afinación · tuning
- agradecer · to appreciate
- amar · to love
- arquitectónico · architectural
- asociado · associated
- asumir · to take on
- el atril · music stand
- auditivo · auditory
- completar · to complete
- concentrarse en · to focus on
- la concertino · concertmaster
- confundirse · to blur together
- convertir en · to turn into
- el declive · decline
- depender de · to depend on
- desencadenar · to trigger
- desvanecerse · to fade away
- detectar · to detect
- la dignidad · dignity
- el dilema · dilemma
- dirigir · to conduct
- el espectro · spectrum
- excluirse · to exclude each other
- extinguirse · to die away
- la extrañeza · puzzlement
- extraordinario · extraordinary
- la finura · finesse
- la flauta · flute
- la franqueza · frankness
- la frecuencia · frequency
- la hipoacusia · hearing loss
- incapaz · unable
- ineludible · unavoidable
- inequívoco · unequivocal
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Durante tres décadas, Álvaro Sandoval había sido considerado uno de los directores de orquesta más exigentes de Europa. Su oído era legendario: se contaba que era capaz de en una orquesta de cien músicos, a un segundo violín que tocaba ligeramente desafinado en un fortísimo. Los músicos lo temían y lo admiraban a partes iguales, y sus grabaciones de las sinfonías de Mahler eran consideradas referencias
A los sesenta y cuatro años, meses antes de iniciar la que había anunciado como su última temporada al frente de la Orquesta Nacional, Álvaro empezó a notar que algo no iba bien. Primero fue un zumbido persistente en el oído izquierdo, que atribuyó al cansancio. Luego, una dificultad creciente para distinguir las agudas, que se en una especie de niebla sonora. El diagnóstico del otorrinolaringólogo fue una neurosensorial progresiva, irreversible.
El médico le explicó que la pérdida avanzaría a un ritmo difícil de prever, pero que, con toda probabilidad, en uno o dos años no podría percibir con precisión buena parte del Los audífonos podrían ayudarle en la conversación cotidiana, pero no restituirían la que exigía su profesión. Álvaro salió de la consulta y caminó durante horas por Madrid, sin rumbo, de volver a casa.
Durante los primeros meses, no se lo contó a nadie, salvo a su mujer, Pilar, que había sido violonchelista de la orquesta antes de retirarse. Empezó a desarrollar estrategias para ocultar su pérdida: estudiaba las partituras con una minuciosidad aún mayor que antes, memorizando cada detalle, y se colocaba en los ensayos de manera que el oído derecho, todavía en mejor estado, quedara orientado hacia las cuerdas. Confiaba cada vez más en la vista: en los gestos de los músicos, en el movimiento de los en las expresiones de los solistas.
Sorprendentemente, durante un tiempo funcionó. Algunos críticos comentaron que sus interpretaciones habían ganado en claridad estructural, en una especie de lucidez que atribuyeron a la madurez. Álvaro leía aquellas críticas con una mezcla de alivio y vergüenza. Sabía que aquella claridad era, en parte, la consecuencia de que ya no oía los matices que antes lo y de que se veía obligado a dirigir más desde el conocimiento de la partitura que desde la escucha.
Pero la situación era cada vez más insostenible. En un ensayo de la Novena de Mahler, un de las sonó claramente desafinado, y Álvaro no reaccionó. La Irene Vallejo, una violinista de cuarenta años que llevaba quince en la orquesta, lo miró con Al terminar el ensayo, pidió hablar con él a solas. Álvaro, que llevaba meses temiendo aquel momento, no intentó negarlo.
Irene lo escuchó en silencio y después le planteó el con una que él La orquesta tenía derecho a saberlo, le dijo, no por curiosidad, sino porque su trabajo de la relación de confianza con el director. Pero también reconoció que revelarlo podía una crisis: la dirección artística probablemente cancelaría su temporada, y la prensa su enfermedad en un espectáculo. Le propuso buscar juntos una salida.
Álvaro pasó varias semanas debatiéndose entre dos formas de que parecían mutuamente. Por un lado, la de terminar su carrera en silencio, sin convertir su en noticia, dirigiendo hasta el final las obras que había Por otro, la de reconocer públicamente su limitación, aun a riesgo de que su legado quedara para siempre a la imagen de un músico que no podía oír. Pilar le recordó que Beethoven había compuesto su Novena Sinfonía completamente sordo, y que su sordera no había disminuido su obra, sino que se había convertido en parte de su leyenda.
Finalmente, Álvaro reunió a los cien músicos de la orquesta antes de un ensayo y les contó la verdad. Les explicó cómo había ocultado su pérdida, les pidió perdón por no haber confiado en ellos antes y les propuso una forma distinta de trabajar durante su última temporada: los jefes de cada sección una responsabilidad mayor en la y el equilibrio, y él se en la estructura, el tempo y el sentido global de cada obra. Se hizo un silencio largo. Luego, los músicos empezaron a golpear sus con los en el gesto tradicional de aprobación
Aquella última temporada se convirtió en una experiencia musical singular. La orquesta, obligada a escucharse a sí misma con una atención nueva, desarrolló una cohesión interna que muchos críticos calificaron de Los músicos hablaban de una sensación de responsabilidad compartida que nunca habían experimentado con ningún director. Álvaro, por su parte, con una economía de gestos cada vez mayor, confiando en que la orquesta lo que él ya no podía percibir.
El último concierto, la Novena de Mahler, terminó con el célebre final en el que la música se casi hasta el silencio absoluto. Álvaro ya no podía oír aquellos últimos compases, extremadamente suaves. Mantuvo los brazos en alto durante casi un minuto después de que la última nota se y el público, contagiado por aquel silencio, tardó en romperlo con el aplauso. Más tarde, en una entrevista, explicó que en ese momento había comprendido algo que llevaba toda la vida buscando.
—Durante treinta años pensé que dirigir en oírlo todo —dijo—. Al final descubrí que en confiar en los que oyen por ti. Hoy, Álvaro está prácticamente sordo. Da clases de dirección en una escuela superior de música, donde sus alumnos cuentan que es el profesor que más insiste en la importancia de escuchar. No a la orquesta, dicen, sino a las personas que la forman.
Comprehension check
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1. What was the doctor's diagnosis?
2. Why did Álvaro feel both relief and shame reading the critics' praise?
3. What working method did Álvaro propose to the orchestra?
4. What did Álvaro ultimately understand about conducting?
Grammar in this story
- Spanish Commands (the Imperative) · Elementary guide