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Short story

Los olivos trasplantados

A young agronomist working for a company that sells centuries-old olive trees to luxury gardens begins to question the trade that pays her salary.

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Words to know (40)
  • monumental · monumental
  • el comercio · trade
  • ofrecer · to offer
  • trasplantar · to transplant
  • el trasplante · transplanting
  • andaluz · Andalusian
  • el catálogo · catalog
  • la ingeniería · engineering
  • mediterráneo · Mediterranean
  • sobrevivir · to survive
  • la agricultura · agriculture
  • ambiental · environmental
  • el antepasado · ancestor
  • el apadrinamiento · sponsorship
  • arrancar · to uproot
  • asociado · associated
  • asumir · to take on
  • la comarca · district
  • consistir en · to consist of
  • contener · to contain
  • contribuir · to contribute
  • la desproporción · disproportion
  • el diferencial · (price) gap
  • la élite · elite
  • el escrúpulo · scruple
  • el estándar · standard
  • excavar · to dig
  • exponencial · exponential
  • la fisiología · physiology
  • el germoplasma · germplasm
  • ilegal · illegal
  • incapaz · unable
  • inquietar · to trouble
  • irreparable · irreparable
  • la leña · firewood
  • la logística · logistics
  • lucrativo · lucrative
  • milenario · thousand-year-old
  • ochocientos · eight hundred
  • el olivar · olive grove

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Cuando Rocío Bermejo terminó el máster en Agronómica, aceptó sin pensarlo demasiado la primera oferta sólida que recibió: un puesto en una empresa de Jaén especializada en lo que el propio llamaba, con un eufemismo que al principio le pareció elegante, "recuperación de olivos La empresa compraba olivos centenarios, algunos de más de mil años, a agricultores del interior de Andalucía, y los a jardines privados, hoteles de lujo y rotondas de urbanizaciones en toda Europa.

Su trabajo en evaluar el estado de los árboles antes de la compra, supervisar el arranque y garantizar que al transporte y al Era una tarea técnicamente fascinante, que exigía conocimientos de vegetal, de del suelo y de Un olivo de años podía pesar más de diez toneladas, y moverlo sin matarlo era una operación de precisión quirúrgica.

Durante el primer año, Rocío se sintió orgullosa de su trabajo. La empresa insistía en que salvaba árboles de una muerte segura: muchos de ellos estaban en fincas abandonadas, sin cuidados, y sus propietarios los habrían arrancado de todos modos para plantar intensivos más rentables. Trasplantarlos, argumentaba el director, era darles una segunda vida y, además, dar a conocer al mundo la belleza del paisaje

Las dudas empezaron durante una compra en un pueblo de la sierra de Segura. El propietario, un agricultor de setenta y ocho años llamado Tobías, vendía un olivo que, según le contó, había plantado un suyo en tiempos de los Reyes Católicos. Lo vendía porque su pensión no le alcanzaba y porque sus hijos, que vivían en Barcelona, no querían saber nada de la tierra. Mientras las máquinas alrededor de las raíces, el anciano no dejó de mirar el árbol en ningún momento.

Rocío supo después que la empresa había pagado a Tobías seiscientos euros por el olivo. Tres meses más tarde, en un destinado a clientes internacionales, encontró el mismo árbol, fotografiado en el jardín de una villa de la Costa Azul, con un precio de venta de cuarenta y dos mil euros. Aquel no era, en sí mismo, la empresa costes considerables de arranque, transporte y cuidados. Pero la la profundamente.

Empezó a investigar por su cuenta. Descubrió que el de olivos había crecido de forma en las dos últimas décadas, impulsado por la moda del paisajismo entre las del norte de Europa. Descubrió también que muchos de los árboles morían en pocos años, de adaptarse a climas más fríos o a suelos distintos, aunque las empresas rara vez hacían un seguimiento de su destino. Y descubrió que, en algunas la desaparición de los olivos centenarios estaba empobreciendo un paisaje cultural que tenía un enorme valor ecológico e histórico.

Lo que más la afectó fue un estudio de una universidad que documentaba la pérdida de variedades genéticas únicas a este Muchos de aquellos árboles eran portadores de variedades locales que ya no se cultivaban en ninguna otra parte, adaptadas durante siglos a condiciones climáticas muy específicas. Cada olivo arrancado podía suponer la pérdida de un patrimonio genético que, en un contexto de cambio climático, podría resultar valiosísimo para el futuro de la

Rocío planteó sus dudas al director de la empresa, un hombre inteligente y pragmático que la escuchó con atención. Él no negó ninguno de los datos, pero le una perspectiva distinta: si ellos no compraban aquellos árboles, lo harían otros con menos o los propietarios los para La empresa, al menos, garantizaba unos técnicos y a los agricultores un dinero que necesitaban. —El problema no somos nosotros —le dijo—, es un sistema que no valora estos árboles donde están.

Rocío reconoció que aquel argumento una parte de verdad incómoda. El abandono del campo, la baja rentabilidad del olivar tradicional y la ausencia de políticas públicas de protección eran el verdadero origen del problema. Pero también le parecía que aquel razonamiento servía para justificar cualquier cosa: siempre habría alguien con menos dispuesto a hacer lo mismo. Pasó meses debatiéndose entre la estabilidad de un buen empleo y la creciente convicción de que su trabajo a algo que consideraba una pérdida

Finalmente, dejó la empresa. Con dos compañeros de máster y el apoyo de una fundación puso en marcha un proyecto alternativo: un programa de custodia del territorio que a los propietarios de olivos una renta anual a cambio de mantener los árboles en su lugar y cuidarlos adecuadamente. La financiación procedía de de particulares, empresas y ayuntamientos, y de un pequeño turismo sostenible que llevaba visitantes a conocer los olivos en su paisaje original.

El primer propietario en unirse al programa fue Tobías, que todavía conservaba en su finca otros cinco olivos centenarios. Con la renta que recibía, pudo mantenerlos sin necesidad de venderlos. Rocío organizó en su finca una jornada en la que investigadores de la universidad tomaron muestras para conservar las variedades genéticas de sus árboles en un banco de Tobías se pasó el día explicando a los visitantes la historia de cada olivo, con una elocuencia que sorprendió a todos.

Hoy, el programa protege más de tres mil olivos en toda Andalucía. No ha acabado con el de árboles centenarios, que sigue siendo legal y pero ha demostrado que existe otra manera de valorarlos. Rocío a veces piensa en el olivo de Tobías, plantado hace más de quinientos años y trasladado a un jardín donde probablemente nadie conoce su historia. No sabe si ha Esa incertidumbre, dice, es la que le recuerda cada día por qué empezó: porque un árbol que ha resistido cinco siglos en un lugar no debería depender de que alguien, a dos mil kilómetros, se acuerde de regarlo.

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1. How did the company justify transplanting ancient olive trees?

2. What disturbed Rocío about Tobías's olive tree?

3. Why did the university study particularly affect Rocío?

4. How does Rocío's alternative program work?